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Frases de Camilo José Cela

Frases de Camilo José Cela

Escritor español y académico de la RAE por más de 45 años. Obtuvo varios premios como el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1987, un nobel de literatura en 1989 y el Premio Cervantes en 1995 entre otros. También se desempeñó en áreas como la novela, el periodismo y conferenciante. Nacio el 11 de mayo de 1916 y falleció el 17 de enero de 2002.

No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, como no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.
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El toreo es un arte misterioso, mitad vicio y mitad ballet. Es un mundo abigarrado, caricaturesco, vivísimo y entrañable el que vivimos los que, un día soñamos con ser toreros.
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Vivimos en la dictadura del funcionario, que no defiende la idea sino la nómina; lo que siempre da mayores arrestos.
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El nacionalista cree que el lugar donde nació es el mejor lugar del mundo; y eso no es cierto. El patriota cree que el lugar donde nació se merece todo el amor del mundo; y eso sí es cierto.
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Lo malo de quienes se creen en posesión de la verdad es que cuando tienen que demostrarlo no aciertan ni una.
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El nacionalismo se cura viajando.
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Lo malo de los que se creen en posesión de la verdad es que cuando tienen que demostrarlo no aciertan ni una.
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El que resiste, gana.
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La vida no es sólo el corazón que late. Es también el pensamiento flotando sobre el corazón que ha dejado de latir.
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El humor es la gran coraza con la que uno se defiende en este valle de lágrimas
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No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, porque no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.
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Para el éxito sobra el talento; para la felicidad, ni basta.
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Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte.
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No usemos la lengua para la guerra, y menos para la guerra de las lenguas, sino para la paz, y sobre todo para la paz entre las lenguas. De la defensa de la lengua, de todas las lenguas, sale su fortaleza, y en su cultivo literario y siempre progresivo se fundamenta su auge y su elástica y elegante vigencia.
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Cuando las deudas no se pagan porque no se puede, lo mejor es no hablar de ellas y barajar.
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Un carallo a tiempo es una victoria dialéctica
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En el servicio aprendió a leer, a escribir y a sumar, y perdió la inocencia. Abrió la tahona, se casó, tuvo doce hijos, compró un calendario y se sentó a ver pasar el tiempo. Los patriarcas antiguos debieron ser bastante parecidos al señor Ramón.
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La libertad es una sensación. A veces puede alcanzarse encerrado en una jaula, como un pájaro
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Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya
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Hay dos clases de hombres: quienes hacen la historia y quienes la padecen.
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Cuando viajo, lo que más me interesa es la gente, porque sólo hablando con ella se conoce el ambiente.
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Para escribir sólo hay que tener algo que decir.
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Pensar en viejo me abruma y, sin embargo, pensar en joven, en sano y arrogante joven, me parece tan insípido...
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-¡Felíz tú! Yo creo que no hay tiempo para nada; yo creo que si el tiempo sobra es porque, como es tan poco, no sabemos que hacer con él. Nati frunció graciosamente la nariz. -¡Ay, Marco, hijo! ¡No empieces a colarme frases profundas! Martín se rió.
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La polisemia de nación lleva lastrando la capacidad de ponerse de acuerdo acerca del futuro del reino de España desde el momento mismo en que se aprobó la Constitución de 1978.
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Pido a nuestros gobiernos un poco de dinero para esta noble causa: la de la defensa de nuestra herramienta de comunicación. La lengua es la más eficaz de todas las armas, ya quedó dicho, y la más rentable de todas las inversiones: nunca es tarde para que empecemos a poner nuestros ahorros al servicio de los futuros beneficios que serán de todos y que servirán para todos.
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Mienten los que quieren disfrazar la vida con la máscara loca de la literatura.
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La filosofía del vagabundo se apoya en la no necesidad de nada y el buen talante de aceptarla sin queja alguna.
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Según Alfonso X el Sabio, el mucho hablar hace envilecer las palabras, para Cervantes, siempre Cervantes, no hay razonamiento que, aunque sea bueno, siendo largo lo parezca.
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La muerte es de una vulgaridad absoluta; todos los nacidos terminan pasando por ella.
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La habilidad que tengo es la de absorción de litro y medio de agua de un solo golpe por vía anal, si quieren pídeme una palangana y lo demuestro esto lo hace muy poca gente.
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Si la Virgen de Covadonga es pequeñina y galana, ¡QUE SE JODA!
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La más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir.
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La cultura y la tradición nunca son ideológicas, siempre son instintivas.
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Es mejor y más sano para el alma, se dijo hace ya tiempo, gastarse que enmohecerse.
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Una huelga de intelectuales, que es un supuesto improbable, paralizaría la marcha del mundo.
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No hay fórmula más eficaz para que una idea germine, que la de bañarla en sangre o cerrarla bajo siete llaves.
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La muerte llama, uno a uno, a todos los hombres y a las mujeres todas, sin olvidarse de uno solo -¡Dios, qué fatal memoria!-, y los que por ahora vamos librando, saltando de bache en bache como mariposas o gacelas, jamás llegamos a creer que fuera con nosotros, algún día, su cruel designio.
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Seguimos en las mismas inútiles resignaciones... Es grave confundir la anestesia con la esperanza...
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Las mujeres están para ser gustadas. Después, unas se dejan, otras no... Eso va ya por provincias.
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La muerte es dulce; pero su antesala, cruel.
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A siete años de un suceso, el suceso ya es otro.
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Celestino se queda perplejo, sin saber qué hacer. Piensa romperle un sifón en la cabeza, por fresco, pero se acuerda: Entregarse a la ira ciega es señal de que se está cerca de la animalidad. Quita su libro de encima de los botellines y lo guarda en el cajón. Hay días en que se le vuelve a uno el santo de espaldas, en que hasta Nietzsche parece como pasarse a la acera contraria.
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-Lo que yo quiero -decía don Nicolás a su sobrino Pedrito, que hacía unos versos muy finos y estudiaba Filosofía y letras- es una cachonda con arrobas que me haga gozar, ¿me entiendes?, una tía que este apretada que tenga a donde agarrarse. Todo lo demás son monsergas y juegos florales.
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En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano.
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La mañana, esa mañana eternamente repetida, juega poco, sin embargo, a cambiar la faz de la ciudad, ese sepulcro, es cucaña, es colmena... ¡Que Dios nos coja confesados!
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La duda, esa vaga nubecilla que, a veces, habita los cerebros, también puede entenderse como un regalo. Y no es -lo que queda dicho- una aseveración, ya que, sobre ella, tengo también mis dudas.
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A mí me ganaba por la palabra, pero si hubiéramos acabado por llegar a las manos le juro a usted por mis muertos que lo mataba antes de que me tocase un pelo. Yo me quise enfriar porque me conocía la carácter y porque de hombre a hombre no está bien reñir con una escopeta en la mano cuando el otro no la tiene.
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Estas páginas accesorias con las que suele ser costumbre presentar las nuevas salidas de los libros, se agostan sobre la marcha y con ellas no valen vitaminas, ni testovirones, ni paños calientes.
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La muerte es una amarga pirueta de la que no guardan recuerdo los muertos, sino los vivos.
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También hay relojes de sangre; la gente suele llamarles el corazón
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Si el escritor no se siente capaz de dejarse morir de hambre, debe cambiar de oficio. La verdad del escritor no coincide con la verdad de quienes reparten el oro.
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La muerte es algo tan tremendamente airado, que sólo la desnudez, la elemental desnudez, puede escindirla del ridículo.
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¿Para qué es oro el tiempo más que para verlo pasar acariciándolo?
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... el decir no es sólo una de las cosas que hace el hombre sino, quizás, la única cosa que el hombre hace.
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En los triunfos anida siempre el cauteloso germen de la derrota.
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El argot, hijo mío, es un poco ese pariente tarambana a quien todos envidian y todos fingen despreciar.
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La castidad enmohece.
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No hay violencia admisible aun la violencia puesta al servicio de la causa justa, concepto que el ser humano puede creer pero no precisar.
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Es grave confundir la anestesia con la esperanza; también lo es tomar el noble rábano de la paciencia por las ruines hojas lacias, ajadas, trémulas- de la renunciación.
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La inspiración es trabajar una buena porción de horas.
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