1. Frases
  2. >
  3. Autores
  4. >
  5. Cicerón

Frases de Cicerón

Frases de Cicerón

Jurista, político, escritor romano. Considerado uno de los más importantes estilistas de la prosa en latín. Destacado por ser universalmente uno de los principales autores de la historia de la República Romana. Gracias a sus escritos de sabe mucho de lo que fue la actividad de la república en periodos contemporáneos al inicio del Crisitanismo

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.
f t g
¿Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?
f t g
Cuando mejor es uno, tanto más difícilmente llega a sospechar de la maldad de los otros.
f t g
Los hombres son como los vinos: la edad agria los malos y mejora los buenos.
f t g
Una cosa es saber y otra saber enseñar.
f t g
Si hacemos el bien por interés, seremos astutos, pero nunca buenos.
f t g
Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros.
f t g
La confidencia corrompe la amistad; el mucho contacto la consume; el respeto la conserva.
f t g
Recuerdo incluso lo que no quiero. Olvidar no puedo lo que quiero.
f t g
En cuanto a la adversidad, difícilmente la soportarías si no tuvieras un amigo que sufriese por ti más que tu mismo.
f t g
Cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria.
f t g
La amistad es un acuerdo perfecto de los sentimientos de cosas humanas y divinas, unidas a la bondad y a una mutua ternura.
f t g
El amor es el deseo de obtener la amistad de una persona que nos atrae por su belleza.
f t g
El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes.
f t g
Todas las cosas fingidas caen como flores marchitas, porque ninguna simulación puede durar largo tiempo.
f t g
La honradez es siempre digna de elogio, aún cuando no reporte utilidad, ni recompensa, ni provecho.
f t g
A pesar de que ya soy mayor, sigo aprendiendo de mis discípulos.
f t g
Si quieres aprender, enseña.
f t g
Es una necedad arrancarse los cabellos en los momentos de aflicción, como si ésta pudiera ser aliviada por la calvicie.
f t g
Nada perturba tanto la vida humana como la ignorancia del bien y el mal.
f t g
Este es el primer precepto de la amistad: Pedir a los amigos sólo lo honesto, y sólo lo honesto hacer por ellos.
f t g
La justicia no espera ningún premio. Se la acepta por ella misma. Y de igual manera son todas las virtudes.
f t g
La falsedad está tan cercana a la verdad que el hombre prudente no debe situarse en terreno resbaladizo.
f t g
La naturaleza quiere que la amistad sea auxiliadora de virtudes, mas no compañera de vicios.
f t g
El que seduce a un juez con el prestigio de su elocuencia, es más culpable que el que le corrompe con dinero.
f t g
Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo.
f t g
Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras.
f t g
No hay nada tan increíble que la oratoria no pueda volverlo aceptable.
f t g
Las vanas pretensiones caen al suelo como las flores. Lo falso no dura mucho.
f t g
Si cerca de la biblioteca tenéis un jardín ya no os faltará de nada.
f t g
No entiendo por qué el que es dichoso busca mayor felicidad.
f t g
No basta con alcanzar la sabiduría, es necesario saber utilizarla.
f t g
Nada es difícil para el que ama.
f t g
Es bueno acostumbrarse a la fatiga y a la carrera, pero no hay que forzar la marcha.
f t g
La amistad comienza donde termina o cuando concluye el interés.
f t g
No todo error debe calificarse de necedad.
f t g
Nada resulta más atractivo en un hombre que su cortesía, su paciencia y su tolerancia.
f t g
Me avergüenzo de esos filósofos que no quieren desterrar ningún vicio si no está castigado por el juez.
f t g
Son siempre más sinceras las cosas que decimos cuando el ánimo se siente airado que cuando está tranquilo.
f t g
Nadie que confía en sí, envidia la virtud del otro.
f t g
La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos.
f t g
Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas.
f t g
La primera ley de la amistad es pedir a los amigos cosas honradas; y sólo cosas honradas hacer por ellos.
f t g
La ciencia que se aparte de la justicia más que ciencia debe llamarse astucia.
f t g
Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma.
f t g
No logran entender los hombres cuán gran renta constituye la economía.
f t g
Humano es errar; pero sólo los estúpidos perseveran en el error.
f t g
Pensar es como vivir dos veces.
f t g
No sé, si, con excepción de la sabiduría, los dioses inmortales han otorgado al hombre algo mejor que la amistad.
f t g
Quien contempla a un verdadero amigo, es como si contemplara a otro ejemplar de sí mismo.
f t g
Nada hay más injusto que buscar premio en la justicia.
f t g
Hay que atender no sólo a lo que cada cual dice, sino a lo que siente y al motivo porque lo siente.
f t g
Para ser libres hay que ser esclavos de la ley.
f t g
El recuerdo del mal pasado es alegre.
f t g
El que sufre tiene memoria.
f t g
No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños.
f t g
Hay que comer para vivir, no vivir para comer.
f t g
Los deseos del joven muestran las futuras virtudes del hombre.
f t g
Los deseos deben obedecer a la razón.
f t g
Si queremos gozar la paz, debemos velar bien las armas; si deponemos las armas no tendremos jamás paz.
f t g
La sola idea de que una cosa cruel pueda ser útil es ya de por sí inmoral.
f t g
No es otra cosa la amistad que un sumo consentimiento en las cosas divinas y humanas con amor y benevolencia.
f t g
La vida feliz y dichosa es el objeto único de toda la filosofía.
f t g
No hay cosa que los humanos traten de conservar tanto, ni que administren tan mal, como su propia vida.
f t g
Si quieres ser viejo mucho tiempo, hazte viejo pronto.
f t g
Difícil es decir cuánto concilia los ánimos humanos la cortesía y la afabilidad al hablar.
f t g
La victoria es por naturaleza insolente y arrogante.
f t g
La fuerza es el derecho de las bestias.
f t g
La necedad es la madre de todos los males.
f t g
Las leyes callan cuando las armas hablan.
f t g
Los hombres sabios nos han enseñado que no sólo hay que elegir entre los males el menor, sino también sacar de ellos todo el bien que puedan contener.
f t g
Mis libros siempre están a mi disposición, nunca están ocupados.
f t g
Es preferible ser viejo menos tiempo que serlo antes de la vejez.
f t g
Todas las acciones cumplidas sin ostentación y sin testigos me parecen más loables.
f t g
Las leyes se han hecho para el bien de los ciudadanos.
f t g
Cuando los tambores hablan, las leyes callan.
f t g
La libertad sólo reside en los estados en los que el pueblo tiene el poder supremo.
f t g
Por conservar la libertad, la muerte, que es el último de los males, no debe temerse.
f t g
La naturaleza ha puesto en nuestras mentes un insaciable deseo de ver la verdad.
f t g
La naturaleza misma ha impreso en la mente de todos la idea de un Dios.
f t g
El egoísta se ama a sí mismo sin rivales.
f t g
La justicia es absolutamente nula si no se encuentra en la naturaleza.
f t g
La ley suprema es el bien del pueblo.
f t g
La ley no ha sido establecida por el ingenio de los hombres, ni por el mandamiento de los pueblos, sino que es algo eterno que rige el Universo con la sabiduría del imperar y del prohibir.
f t g
La ley es, pues, la distinción de las cosas justas e injustas, expresada con arreglo a aquella antiquísima y primera naturaleza de las cosas.
f t g
El tiempo es una cierta parte de la eternidad.
f t g
No hay nada hecho por la mano del hombre que tarde o temprano el tiempo no destruya.
f t g
No hay hombre de nación alguna que, habiendo tomado a la naturaleza por guía, no pueda llegar a la verdad.
f t g
Es propio de los necios ver los vicios ajenos y olvidar los propios.
f t g
Donde quiera que se esté bien, allí está la patria.
f t g
No hay absurdo que no haya pasado por la cabeza de algún filósofo.
f t g
Si las leyes fueran constituidas por los hombres, o por las sentencias de los jueces, serían derechos matar, robar, adulterar, etcétera.
f t g
Seamos esclavos de las leyes, para poder ser libres.
f t g
La salud del pueblo está en la supremacía de la ley.
f t g
No solamente es ciega la fortuna, sino que de ordinario vuelve también ciegos a aquellos a quienes acaricia.
f t g
Cuanto más altos estamos, más debemos bajarnos hacia nuestros inferiores.
f t g
La evidencia es la más decisiva demostración.
f t g
¡Oh, dulce nombre de la libertad!
f t g

Otros autores