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Frases de Edmund Burke

Frases de Edmund Burke

Escritor, filósofo y político, padre fundador del liberalismo británico. Criticado en vida y después de su muerte por su postura conservadora de aspectos tradicionales opuestos al auge progresista de tendencias posteriores. Fuertemente opositor a la revolución francesa y a todos los derechos ciudadanos que esta representaba.

Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada.
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El que lucha contra nosotros nos refuerza los nervios y perfecciona nuestra habilidad.
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Hay un límite en que la tolerancia deja de ser virtud.
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Las personas que nunca se preocupan por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad.
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Agradar cuando se recaudan impuestos y ser sabio cuando se ama son virtudes que no han sido concedidas a los hombres.
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El pueblo no renuncia nunca a sus libertades sino bajo el engaño de una ilusión.
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La primera y la más simple emoción que descubrimos en la mente humana es la curiosidad.
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Cuida tu ambición. Puede volar pero también arrastrarse.
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Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto; ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza; ningún grupo puede actuar con confianza si no se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes, intereses comunes.
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Nunca puedes planear el futuro a través del pasado.
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La superstición es la religión de las mentes débiles.
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El amor celoso enciende su antorcha en el fuego de las furias.
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La tiranía de una multitud es una tiranía multiplicada.
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La sociedad humana constituye una asociación de las ciencias, las artes, las virtudes y las perfecciones. Como los fines de la misma no pueden ser alcanzados en muchas generaciones, en esta asociación participan no sólo los vivos, sino también los que han muerto y los que están por nacer.
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La libertad abstracta, al igual que otras simples abstracciones, no puede ser encontrada.
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Una grandísima parte de los males que afligen al mundo derivan de las palabras.
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El favoritismo nos grava más pesadamente que muchos millones de deuda.
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Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada
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Hay un límite donde la tolerancia deja de ser virtud.
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Hay un momento límite en el que la paciencia deja de ser una virtud
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La ley es la seguridad del pueblo, la seguridad de cada uno de los gobernados y la seguridad de cada uno de los gobernantes.
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Feliz aquel que fue joven en su juventud, feliz aquel que supo madurar a tiempo.
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El mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco.
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Hay un límite más allá del cual la tolerancia deja de ser una virtud.
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El gran educador: el tiempo.
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Todos debemos obedecer a la gran ley del cambio. Es la más poderosa ley de la naturaleza.
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Las malas leyes son la peor especie de tiranía.
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Las gentes que nunca se preocupan por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad.
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La libertad sin virtud ni sabiduría es el mayor de todos los males.
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Bien sabido es que la ambición tanto puede volar como arrastrarse.
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Alguien dijo que un rey puede hacer un noble, pero no puede hacer un caballero.
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Para que el mal triunfe basta con que los hombres de bien se queden cruzados de brazos.
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Nada es tan fatal para la religión como la indiferencia
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En una democracia, la mayoría de los ciudadanos es capaz de ejercer la más cruel represión contra la minoría.
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No hay que juzgar siempre de la generalidad de la opinión por el ruido de la aclamación.
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De la misma forma que la riqueza es poder, todo poder atrae infaliblemente hacia sí la riqueza por uno u otro medio.
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El miedo es el más ignorante, el más injurioso y el más cruel de los consejeros.
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Ninguna pasión despoja con tanta eficacia a la mente de todos sus poderes de actuar y razonar como el miedo.
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No podemos luchar contra el futuro. El tiempo está de su parte.
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Antes de felicitarnos por dar libertad a las gentes debemos preguntarnos qué harán con ella.
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Hay un límite en el que la tolerancia deja de ser una virtud.
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La costumbre es el alma de los estados.
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Los abusos son como los viejos caducos: llega un tiempo en que dejan de infundir respeto.
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La falsedad tiene una perenne primavera.
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Muchas veces, una cena ligera, un sueño tranquilo y una mañana serena envalentonaron hasta el heroísmo a un hombre que, con un estómago pesado, pocas horas de sueño y una mañana lluviosa, habría sido un cobarde.
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Las leyes, como las casas, se apoyan unas en otras.
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Los hombres que se arruinan lo hacen siempre por el lado de sus inclinaciones naturales.
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Nunca desesperes. Pero si a ello llegas, sigue trabajando a pesar de la desesperación.
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¡Qué sombras somos, y qué sombras perseguimos!
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Después del amor, la simpatía es la pasión divina del corazón humano.
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Quien lucha contra nosotros, fortalece nuestros nervios y agudiza nuestra habilidad. Nuestro antagonista es nuestro ayudante.
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Creen muchos que la moderación es una especie de traición.
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El dinero es el sustituto técnico de Dios.
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El camino del espíritu humano es lento.
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La ciencia se corrompe con facilidad si dejamos que se estanque.
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El pueblo nunca renuncia a sus libertades si no es por el engaño de una ilusión.
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¡La prensa, el cuarto poder...!
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Toda clase de gobiernos está basada sobre compromisos y pactos.
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Las leyes del comercio son las leyes de la Naturaleza y, por consiguiente, la leyes de Dios.
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Las palabras de un poeta son ya actos.
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Ninguna obra de arte puede ser grande sino en la medida en que engaña; ser otra cosa sólo es prerrogativa de la naturaleza.
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El miedo atento y previsor es madre de la seguridad.
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La educación es la mejor defensa de las naciones.
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El hombre según su condición no es más que un animal religioso.
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El que lucha con nosotros fortalece nuestros nervios, y acentúa nuestra habilidad. Nuestra antagonista es nuestro ayudante.
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Nadie mirará hacia una posteridad que nunca mira hacia sus antecesores.
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Libertad, también debe ser limitada para ser poseída.
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La marcha de la mente humana es lenta.
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Las concesiones de los débiles son las concesiones del miedo.
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Es la naturaleza de todas las grandezas de no ser exactos.
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