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Frases de Emil Cioran

Frases de Emil Cioran

Escritor, filósofo rumano. Reconocido gracias a que la mayor parte de sus obras se publicaron en la lengua francesa. En su pensamiento el cinismo tiene un lugar protagonista, su libro más destacado, reflejo fiel de su ideología es "De Lagrimas y Santos". Su principio supremo, el hacer pensar a la gente por sus propios medios.

La sociedad no es una enfermedad, sino un desastre. Es un milagro estúpido que consigamos vivir en ella.
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No hay obra que no se vuelva contra su autor: el poema aplastará al poeta, el sistema al filósofo, el acontecimiento al hombre de acción.
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La mentira es una forma de talento.
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Mi misión es matar el tiempo y la de éste matarme a su vez. Se está bien entre asesinos.
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Un instante de lucidez, sólo uno; y las redes de lo real vulgar se habrán roto para que podamos ver lo que somos: ilusiones de nuestro propio pensamiento.
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La naturaleza, buscando una fórmula para satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie.
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Cada ser es un himno destruido.
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El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad.
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Si alguna vez has estado triste sin motivo, es que lo has estado toda tu vida sin saberlo.
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El orgasmo es un paroxismo; la desesperación, otro. El primero dura un instante; el segundo una vida.
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El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraiso en un lugar de tortura.
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El problema es que nunca he llorado, pues mis lágrimas se han transformado en pensamientos tan amargos como ellas.
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Soy un simple accidente; ¿Por qué tomármelo todo tan en serio?
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Siempre tenemos la impresión de que podríamos hacer mejor lo que los otros hacen. Desgraciadamente, no tenemos el mismo sentimiento hacia lo que nosotros mismos hacemos.
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No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas lo cual vale más que tratar de llenarlas.
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Se puede soportar cualquier verdad, por muy destructiva que sea, a condición de que sea total, que lleve en sí tanta vitalidad como la esperanza a la que ha sustituido.
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Fuera de la música, todo, incluso la soledad y el éxtasis, es mentira. Ella es justamente ambos, pero mejorados.
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No tengo nacionalidad... el mejor estatus posible para un intelectual.
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Lo que sé a los sesenta años, ya lo sabía a los veinte. Cuarenta años de un largo, superfluo trabajo de comprobación.
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No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos qué forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo.
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Sólo los espíritus superficiales abordan las ideas con delicadeza.
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Desconfíen del rencor de los solitarios que dan la espalda al amor, a la ambición, a la sociedad. Se vengarán un día de haber renunciado a todo eso.
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Sólo lo que se esconde es profundo y verdadero. De ahí la fuerza de los sentimientos viles.
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La razón es una puta que sobrevive mediante la simulación, la versatilidad y la desvergüenza.
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Dios ha explotado todos nuestros complejos de inferioridad, comenzando por nuestra incapacidad de creer en nuestra propia divinidad.
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Los días no adquieren sabor hasta que uno escapa a la obligación de tener un destino.
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El nirvana estético del mundo: alcanzar lo supremo en medio de supremas apariencias. Ser nada y todo en la espuma de lo inmediato.
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Mi facultad de decepción sobrepasa el entendimiento. Ella es quien me hace comprender a Buda, pero también es ella quien me impide seguirlo.
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La única originalidad del amor es que hace la felicidad indistinta de la desdicha
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El talento es el medio más seguro de falsearlo todo, de deformar las cosas y de equivocarse acerca de uno mismo. Sólo poseen una existencia verdadera aquellos a quienes la naturaleza no ha abrumado con ningún don. Sería por ello difícil de imaginar un universo más falso que el universo literario, o un hombre más desprovisto de realidad que el hombre de letras.
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Presta oídos al mundo que yace en algún rincón de ti mismo y que no precisa mostrarse para ser.
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¿Quién abusaría de la sexualidad sin la esperanza de perder en ella la razón algo más de un segundo, para el resto de sus días?
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Amar apasionadamente la vida, y luego deambular implorándote compasión a ti mismo por la ausencia ilimitada nacida de tu vacío, infame jardinero de la nada, sembrador de violetas y de pus...
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Sin Dios todo es nada, y Dios no es más que la nada suprema.
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Todo proyecto es una forma de esclavitud.
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Algunos tienen desgracias; otros, obsesiones. ¿Quienes son más dignos de lástima?
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La lucidez es el único vicio que hace al hombre libre: libre en un desierto.
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Sé que mi nacimiento es una casualidad, un accidente risible, y, no obstante, apenas me descuido me comporta como si se tratara de un acontecimiento capital, indispensable para la marcha y el equilibrio del mundo.
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Para usted que ya no la tiene, la libertad es todo. Para nosotros que sí, es meramente una ilusión.
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Regla de oro: dejar una imagen incompleta de sí mismo.
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La pasión por la música es en sí misma una confesión. Sabemos más de un desconocido que la tiene que de alguien insensible a ella que frecuentamos a diario.
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¿El final de la historia, el fin del hombre?, ¿es serio pensar en ello? Son sucesos lejanos que la Ansiedad -ávida de desastres inminentes- desea a toda costa precipitar.
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El deseo de morir era la único que me importaba; por ello he sacrificado todo, aún la muerte
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Deja de vigilar a tu alma; ¡mírala cómo sale de estampida al cielo!... Al menor descuido, envuelta en llamas, se suelta y se va hacia otros mundos. ¿De dónde vendrá esa súbita llamarada que la arroja al destierro en parajes celestiales mientras tú te quedas aquí, como victima junto a un cuerpo abandonado?
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El límite de cada dolor es un dolor mayor.
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No puede concebirse la fuerza sin la enfermedad. No en vano los hombres más peligrosos son los que tienen una salud precaria. El carro de la historia está guiado por hombres que se buscan constantemente el pulso.
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En algunos, todo, absolutamente todo, tiene que ver con la fisiología: su cuerpo es su pensamiento, su pensamiento es su cuerpo.
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Es difícil de precisar la fecha en que las iglesias llegarán a ser simples monumentos y el día en que las cruces, purificadas del símbolo de la sangre judaica, sonreirán inútilmente a la curiosidad estética. Hasta entonces, no tendremos más remedio que soportar en los retornos del alma el soplo sofocante de la fe.
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Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar.
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Mi misión es matar el tiempo, y la del tiempo es matarme en su turno a mí, Qué cómodo se encuentra uno entre asesinos.
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Mientras más se alejan los hombres de Dios, más avanzan en el conocimiento de las religiones.
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Pero en el espíritu, al que lo infinito dotó de alas, el sueño es más real que todas las verdades. El mundo no es; se crea cada vez que el estremecimiento de un principio atiza las ascuas de nuestra alma. El yo es un promontorio en la nada que sueña con un espectáculo de realidad.
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Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos.
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El futuro sólo se vuelve temible en cuanto uno no está seguro de poder matarse en el momento deseado.
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La vida es un subterfugio de la locura y el que cae en sus redes marcha por un camino abierto por su propia sangre.
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Concebir un pensamiento, un solo y único pensamiento, pero que hiciese pedazos el universo.
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¿Qué sería de nuestras tragedias si un insecto nos presentara las suyas?
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Frívolo y disperso, aficionado en todos los campos, no habré conocido a fondo más que el inconveniente de haber nacido.
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Nada delata tanto al vulgar como su temor a ser decepcionado.
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Amor es ese afecto desengañado que sobrevive tras un instante de baba
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He servido en mi vida a muchos amos y he esculpido mi imagen de cada momento. Si las cosas extintas supiesen cuánto las he amado se procurarían un alma sólo para llorarme.
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Basta con que escuches en silencio y lo oirás todo. No existen ni verdad ni error, ni objeto ni figuración.
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Me gustaría ser libre, inimaginablemente libre. Libre como un ser abortado.
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El catolicismo, judaísmo latino, salpicó de un hollín indeleble la exuberancia del Mediterráneo. ¿Cómo pudo <> en sus riberas bañadas de un sol divino? El cristianismo es una reacción contra el sol y en su vertiente católica un ataque contra él que merece un capítulo aparte.
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Sin embargo, tú sigue tu camino y, como un sol escéptico, ilumínalo con los rayos de tu cólera pensadora.
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Lo esencial surge con frecuencia al final de las conversaciones. Las grandes verdades se dicen en los vestíbulos.
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No soporto otro absoluto salvo mi accidente. Dado que soy, la ilusión de mi existencia me parece mi sentido supremo. No voy a enmendar nada de este acontecimiento.
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¿Es imaginable un ciudadano que no posea un alma de asesino?
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La lucidez: martirio permanente, inimaginable proeza.
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No vale la pena molestarse en matarse porque uno siempre se mata demasiado tarde.
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Los dolores imaginarios son, con mucho, los más, reales ya que se les necesita constantemente y se inventan porque no es posible prescindir de ellos.
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La conciencia es la pesadilla de la naturaleza
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El hombre despide un olor particular: de entre todos los animales sólo él apesta a cadáver.
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Qué orgullo descubrir que nada te pertenece: qué revelación.
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Cuanto más aprendo a deleitarme en una ausencia de razones de ser o a actuar sin ninguna utilidad como no sea hacer más llevadero el tedio, más hombre soy. Labrador en el Sahara, ésa es su dignidad. Un animal que puede sufrir por lo que no es. He ahí al hombre.
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No puedo reconciliarme conmigo mismo, con los otros, con las cosas. Ni siquiera con Dios. Con él de ninguna manera.
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La vida dura lo mismo que nuestros estremecimientos. Sin ellos, es polvo vital.
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Por todas las evidencias estamos en el mundo para no hacer nada.
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El paraíso no era un lugar soportable, de lo contrario el primer hombre se hubiera adaptado a él; este mundo tampoco lo es, ya que en él se añora el paraíso o se da otro por seguro. ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? No hagamos nada, no vayamos a ningún sitio, así, sin más.
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Tal y como la Nada se vuelve Dios mediante la oración, de igual forma la apariencia se torna naturaleza gracias a la expresión...
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Ser objetivo es tratar al prójimo como se trata a un objeto, a un muerto, es comportarse con él como un sepulturero.
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El budismo llama mácula del espíritu, a la cólera; el maniqueísmo, raíz del árbol de muerte. Lo sé. ¿Y de qué me sirve?
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Los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a quienes no les han cortado la cabeza.
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En este gran dormitorio, como llama un texto taoísta al universo, la pesadilla es la única forma de lucidez.
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Nunca estoy a gusto en lo inmediato, sólo me seduce lo que me precede, lo que me aleja de aquí, los innúmeros instantes en que yo no fui: lo no nato, en suma.
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Existe en la estupidez una gravedad que, mejor orientada, podría multiplicar el número de obras maestras.
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...Arrancaré una nada embriagadora de todas las floraciones y me haré de las corolas de los campos un lecho donde dormir. Y ya no huiré a las estrellas ni me refugiaré en lejanías lunares.
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Las religiones me enseñaron la senda de la felicidad, a costa mía. Pero la ilusión de estar aquí es más estimulante que la serenidad de no estar en ninguna parte, de estar en los cielos.
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Imposible asistir más de un cuarto de hora sin impaciencia a la desesperación de alguien
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Siempre que el cristianismo suscita mis dudas, una adversidad dolorosa ocupa el lugar del fasto escéptico y de los armas embriagadores. Me impide respirar. Huele a viejo. Me sofoco.
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Si no poseo el gusto del misterio es porque todo me parece inexplicable, o mejor dicho, porque lo inexplicable es mi único sustento y estoy harto de él.
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Dios es una desesperanza que empieza donde terminan las otras.
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A los últimos a quienes perdonamos su infidelidad es a aquellos a quienes hemos decepcionado.
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Cuando se ha salido del círculo de errores y de ilusiones en el interior del cual se desarrollan los actos, tomar posición es casi imposible. Se necesita un mínimo de estupidez para todo, para afirmar e incluso para negar.
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La verdad empieza por un conflicto con la policía, y termina cuando los llamamos para que intervengan.
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El crimen en plena gloria consolida la autoridad por el miedo sagrado que inspira.
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En todo profeta coexisten el gusto por el futuro y la aversión por la dicha.
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La imposibilidad de encontrar un solo pueblo, una sola tribu donde el nacimiento provoque duelo y lamentación, prueba hasta qué punto la Humanidad se encuentra en estado de regresión.
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El deseo de desaparecer, porque las cosas desaparecen, emponzoño tan atrozmente mi sed de ser que, en medio de los resplandores del tiempo, el aliento se apagaba y el ocaso de las naturaleza me envolvía con multitud de sombras. Y como veía el tiempo en todas las cosas, esperaba salvarlas del tiempo.
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No hay negador que no esté sediento de algún catastrófico sí.
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Misterio, palabra de la que nos servimos para engañar a los demás, para hacerles creer que somos más profundos que ellos.
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Después de haber inventado mundos y haberlos perdido por los espacios, de pronto se da uno cuenta de que anhela algo que fuera (el Yo) una sombra de ser en medio de una ausencia general de existencia.
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Elevemos lo que se ve al rango de alucinación, lo que se oye, al nivel de la música.
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La necesidad de convertir a los seres en eternos por medio de la adoración, la premura por elevarlos, por exceso de corazón, de su destrucción natural me parecía la única labor apreciable.
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Sin que nosotros podamos impedirlo, el velo que recubre ese espectáculo llamado vida se desgarra en miríadas de copos ilusorios y, de todo cuanto se desarrollaba ante nuestros ojos, no quedan ya ni tan siquiera las sombras de una quimérica realidad.
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El destino del hombre es agotar la idea de Dios.
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El escepticismo es la embriaguez del atolladero.
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El ser es un jamás absoluto.
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Es increíble que la perspectiva de tener un biógrafo no haya hecho desistir a nadie de tener una vida.
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Cambiar de idioma, para un escritor, es como escribir una carta de amor con un diccionario.
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Un pueblo no representa tanto una acumulación de ideas y teorías como de obsesiones.
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Dios: una enfermedad de la que imaginamos estar curados porque nadie se muere de ella hoy en día.
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¿Quién se revela? ¿Quién se levanta en armas? El esclavo raramente, pero casi siempre el opresor convertido en esclavo.
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Un libro es un suicidio aplazado.
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Escriba libros sólo si lo que va a decir en ellos usted nunca se lo confiaría a nadie.
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Una civilización se destruye sólo cuando se destruyen sus dioses.
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El deseo de morir era mi interés excluyente; a él le sacrifiqué todo, hasta la muerte.
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Hay un dios al principio, cuando no al cabo de toda alegría.
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Hubo un tiempo en que el tiempo no existía... El rechazo del nacimiento no es otra cosa que la nostalgia de ese tiempo anterior al tiempo.
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No reducirse a una obra; sólo hay que decir algo que pueda susurrarse al oído de un borracho o de un moribundo.
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La obsesión del nacimiento, al transportarnos más acá de nuestro pasado, nos hace perder el gusto por el futuro, por el presente y hasta por el pasado.
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Desde que estoy en el mundo, ese desde me parece cargado de un significado tan espantoso, que se torna insoportable.
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