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Frases de Enrique Jardiel Poncela

Frases de Enrique Jardiel Poncela

Escritor dramático español. Su obra esta íntimamente relacionada con el teatro absurdo. Se alejó del humor tradicional para darle paso a una obra más intelectual. Esto es propio de lo absurdo que busca el humor desde lo ilógico. Por supuesto tuvo los clásicos problemas propios de la censura franquista.

Cuando tiene que decidir el corazón es mejor que decida la cabeza.
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Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre.
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Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa.
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El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.
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Realmente, sólo los padres dominan el arte de educar mal a los hijos.
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El hombre que se ríe de todo es que todo lo desprecia. La mujer que se ríe de todo es que sabe que tiene una dentadura bonita.
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La mujer adora al hombre igual que el creyente adora a Dios; pidiéndole todos los días algo.
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La amistad, como el diluvio universal, es un fenómeno del que todo el mundo habla, pero que nadie ha visto con sus ojos.
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Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió.
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En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen; la gran mayoría de los sueños se roncan.
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El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo.
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Patrimonio es un conjunto de bienes; matrimonio es un conjunto de males.
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Hay dos maneras de conseguir la felicidad, una hacerse el idiota; otra serlo.
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Dictadura: Sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio.
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La sinceridad es el pasaporte de la mala educación.
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Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.
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La muerte tiene una sola cosa agradable: las viudas.
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Al amor, al baño y a la tumba, se debe ir desnudo.
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Los senos de la mujer son la única persistencia del hombre; los coge al nacer y ya no los suelta hasta morir de viejo.
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La mujer es como los autos, a la vejez es cuando más se pintan.
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Lo vulgar es el ronquido, lo inverosímil, el sueño. La humanidad ronca, pero el artista está en la obligación de hacerla soñar o no es artista.
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Todos los hombres que no tienen nada importante que decir hablan a gritos.
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El "etcétera" es el descanso de los sabios y la excusa de los ignorantes.
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La medicina es el arte de acompañar al sepulcro con palabras griegas.
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La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo.
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La verdad se parece mucho a la falta de imaginación.
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El que va acompañado de una linda mujer sabe que los amigos hallados en la calle tienen siempre más cosas que decir que cuando vamos solos.
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El fin de la religión, de la moral, de la política, del arte, no viene siendo desde hace cuarenta siglos más que ocultar la verdad a ojos de los necios.
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El amor es como las cajas de cerillas, que desde el primer momento sabemos que se nos tiene que acabar, y se nos acaba cuando menos lo esperamos.
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La experiencia es una enfermedad que no se contagia.
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La "vida fácil" suele ser la más difícil.
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El pudor es un sólido que sólo se disuelve en alcohol o en dinero.
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Suicidarse es subirse en marcha a un coche fúnebre.
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Los sentimientos deben analizarse y nunca obedecerse.
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Cuando el trabajo no constituye una diversión, hay que trabajar lo indecible para divertirse.
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La vida es tan amarga que abre las ganas de comer.
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Para encontrar gusto a la vida, no hay como morirse.
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El amor es una comedia en un sólo acto: el sexual.
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Intentar definir el humorismo, es como pretender atravesar una mariposa, usando a manera de alfiler un poste telegráfico.
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La vejez es un exceso que aumenta por días.
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El amor, el tabaco, el café y, en general, todos los venenos que no son lo bastante fuertes para matarnos en un instante, se nos convierten en una necesidad diaria.
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