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Frases de Francesco Petrarca

Frases de Francesco Petrarca

Escritor italiano relacionado con la poesía lírica, que influyó en los inicios del genero literario conocido como Petrarquismo. Un genero determinante para la obra de autores como William Shakspeare o Edmund Spenser. Intento muchas veces ligar lo humano con el Cristianismo, lo cual le dio fama de pacifico y líder.

Los cinco enemigos de la paz que viven entre nosotros son: miedo, avaricia, envidia, odio y orgullo. Elimínelos y tendrá paz permanente.
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No ha lugar la razón contra la fuerza de la pasión.
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Dura es la ley de amor, pero por dura que sea, hay que obedecerla, pues la tierra y el cielo por ella están unidos desde el fondo de las edades.
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Es más honorable obtener el trono que haber nacido en él. La fortuna otorga uno, el mérito el otro.
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Quien puede decir cuanto ama, pequeño amor siente.
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Es mejor desear el bien que conocer la verdad.
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Todo el mal que puede desplegarse en el mundo se esconde en un nido de traidores.
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Una muerte bella honra toda la vida.
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Nadie es tan joven que no pueda morir hoy.
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Rara vez la belleza y la virtud pueden habitar juntas.
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Igual que el navegante a quien el fuerte viento desalienta mira a dos luces del nocturno cielo, lo mismo, en mi tormenta de Amor, miro en dos luces al brillante signo en el que hallo mi único consuelo.
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Quien se deleita en defraudar al prójimo, no se ha de lamentar si otro le engaña.
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La muerte arrebata primero a los mejores, y deja a los culpables.
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Cinco grandes enemigos de la humanidad están dentro de nosotros mismos: la avaricia, la ambición, la envidia, la ira y el orgullo. Si nos despojamos de ellos, gozaremos de la más completa paz
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La razón habla y el sentimiento muerde
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Fue el día en que del sol palidecieron los rayos, de su autor compadecido, cuando, hallándome yo desprevenido, vuestros ojos, señora, me prendieron.
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Seguid a los menos, y no al vulgo.
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La vida pasa y no se detiene una hora
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La muerte parecía bella en su bello rostro
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Los muchos libros a unos hicieron sabios y a otros locos
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Una muerte ejemplar honra toda una vida
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Todo lo mortal el tiempo corta
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El que pueda decir cómo arde, sufre un fuego muy pequeño
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El desgraciado no confía en esperanzas demasiado grandes
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En el mundo cada cual, desde el día que nació, tiene asignada su suerte.
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Un bello morir honra toda la vida.
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La razón habla, y el sentido muerde.
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Cuando, entre las demás, de mi señora viene, a veces, Amor en el semblante, cuanto en belleza va ella por delante, tanto crece el afán que me enamora.
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Los grandes errores pertenecen a los hombres de gran entendimiento.
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Me suele avergonzar que no esté siendo por mí vuestra belleza puesta en rima, pues que a ninguna más tuve en estima desde que os vi por vez primera entiendo.
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No soy tan fuerte que la luz resista de esta mujer, y no en los tenebrosos lugares me protejo, ni en la tarde: mas, con ojos enfermos y llorosos, mirarla es mi destino y mi conquista; y sé muy bien que voy tras lo que me arde.
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Que viviré algo más es lo que creo, gracias a ese mirar tan luminoso; y moriré, si no atiendo al deseo.
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Si queda entre la tercia luz y Marte, la luz del sol será descolorida: por verla será de almas circuída su belleza que excede a todo arte.
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Supieron despertar a mi alma grave. Vos manejáis con una y otra llave mi corazón, y de ello estoy contento, dispuesto a navegar a todo viento, que es cuanto hacéis por dulce honor tenido.
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