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Frases de George Sand

Frases de George Sand

Escritora francesa con titulo noble de baronesa. Escribía bajo el seudónimo de George Sand y nunca utilizaba en sus novelas su nombre Amandine Dupin de familia noble. En su vida real utilizaba vestimentas masculinas para ingresar a clubes y otros comercios que como mujer noble jamás podría haber conocido.

Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.
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La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma.
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Nos equivocamos a menudo en el amor, a menudo herido, a menudo infeliz, pero soy yo quien vivió, y no un ser ficticio, creado por mi orgullo.
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He leído en alguna parte que para amarse hay que tener principios semejantes, con gustos opuestos.
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Hay que juzgar los sentimientos por los actos, más que por las palabras.
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La inteligencia busca, pero quien encuentra es el corazón.
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Las decepciones no matan, y las esperanzas hacen vivir.
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El tiempo no duerme los grandes dolores, pero sí los adormece.
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No hay que desanimarse nunca. Los sueños vuelan, el trabajo queda.
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Hay amor propio en el amor como hay interés personal en la amistad.
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Lo verdadero es siempre sencillo, pero solemos llegar a ello por el camino más complicado.
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No podemos arrancar una página del libro de nuestra vida, pero podemos tirar todo el libro al fuego.
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La vida de un amigo, es la nuestra, como la verdadera vida de cada uno es la de todos.
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Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría.
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El beso es una forma de diálogo.
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El recuerdo es el perfume del alma.
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¡Dejadme escapar de la mentirosa y criminal ilusión de la felicidad! Dadme trabajo, cansancio, dolor y entusiasmo.
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En la mujer, el orgullo es a menudo el móvil del amor.
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El que tiene buen corazón nunca es estúpido.
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Dios, que muestras nuestras lágrimas a nuestro conocimiento, y que, en su inmutable serenidad, nos parece que no nos tiene en cuenta, ha puesto él mismo en nosotros esta facultad de sufrir para enseñarnos a no querer hacer sufrir a otros.
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Nos damos bien a la pena y nos imponemos privaciones para curar el cuerpo; se puede, pienso, hacer lo mismo para curar el alma.
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Amad. Es el único bien que hay en la vida.
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El amor que es un necio a los veinte años es un loco del todo a les sesenta.
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No ames a quien no admires. El amor sin admiración sólo es amistad.
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No hay verdadera felicidad en el egoísmo.
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Nada se parece más a un hombre honesto que un pícaro que conoce su oficio.
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El pensamiento es el corcel; la razón el jinete.
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Los médicos pueden enterrar sus equivocaciones, pero un arquitecto sólo puede aconsejar a su cliente plantar yerba.
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La mujer no existe. Sólo hay mujeres cuyos tipos varían al infinito.
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La sociedad no debe exigir nada de aquel que no espera nada de ella.
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No somos sólo cuerpo, o sólo espíritu, somos cuerpo y espíritu a la vez.
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Dos cuerpos pueden juntarse para producir otro, pero el pensamiento sólo puede dar vida al pensamiento.
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La desgracia, al ligarse a mí, me enseñó poco a poco otra religión, distinta a la religión enseñada por los hombres.
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Amar sin ser amado, es como encender un cigarrillo con una cerilla ya apagada.
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Amo; por lo tanto creo.
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El amor no vive mucho tiempo de dulces miradas y de cartas de amor.
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El otoño es un andante melancólico y gracioso que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno.
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¡Ay del hombre que quiere actuar sinceramente en el amor!
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Un hombre y una mujer son hasta tal punto la misma cosa que casi no se entiende la cantidad de distinciones y de razonamientos sutiles de los cuales se nutre la sociedad sobre este argumento.
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El verdadero modo de no saber nada es aprenderlo todo a la vez.
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Mi profesión es ser libre.
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La naturaleza es una obra de arte, pero Dios es el único artista que existe, y el hombre no es más que un obrero de mal gusto.
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El puro es el complemento indispensable de toda vida ociosa y elegante.
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Mis viajes más bellos, los más dulces, los he hecho al calor del hogar, con los pies en la ceniza caliente y los codos reposando en los brazos desgastados del sillón de mi abuela [...]. ¿Por qué viajar si no se está obligado a ello? [...]. Es que no se trata tanto de viajar como de partir; ¿quién de nosotros no tiene algún dolor que distraer o algún yugo que sacudir?
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La vida es un largo dolor que rara vez duerme y nunca se cura.
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La belleza que se dirige a los ojos sólo son un hechizo del momento, los ojos del cuerpo no siempre son los del alma.
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El amor sin admiración sólo es amistad.
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No hay criatura humana que pueda dar órdenes al amor.
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La vida se parece a una novela con más frecuencia que las novelas a la vida.
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La memoria es el perfume del alma.
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Lo verdadero es demasiado sencillo, pero siempre se llega a ello por lo más complicado.
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Cada historiador revela un nuevo horizonte.
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El corazón tiene sus razones que la razón desconoce.
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La mente no tiene sexo.
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Chopin es tan débil y tímido que puede ser herido por el pliegue de un pétalo de rosa.
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Uno se acerca al final del viaje. Pero el final es un objetivo, no una catástrofe.
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La inteligencia busca y el corazón encuentra.
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La caridad degrada al que la recibe y endurece al que la entrega.
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No ames a un hombre al que no admires. El amor sin veneración sólo es amistad
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La felicidad se halla en la consciencia que de ella tenemos
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La naturaleza humana es frágil, y llena de miserables pasiones. Una sola de estas pasiones es grande y bella: el amor
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La obras maestras no son nunca más que tentativas afortunadas
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El espíritu busca, pero el corazón es el que encuentra.
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Te amo desde el día en que nací y a través de todos los fantasmas en quienes creí un momento encontrarte y poseerte.
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El dolor más espantoso es el que vela frío y paralítico en el fondo del corazón.
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Viuda y rica: el estado perfecto de la mujer.
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La caridad degrada a aquellos que la reciben.
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La vanidad es arena movediza.
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El trabajo no es castigo para el hombre, es su recompensa, fuerza y placer.
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Admiración y familiaridad son extraños.
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La simplicidad es lo más difícil de conseguir en este mundo, es el último límite de la experiencia y el último esfuerzo del genio.
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