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Frases de Ivan Turgueniev

Frases de Ivan Turgueniev

Escritor, novelista ruso destacado del siglo XIX cuyo reconocimiento más grande es haber logrado retratar en sus novelas el color de todo lo que es propiamente europeo y lo que distingue a las naciones de ese continente por sobre otras naciones.

En la vida de las personas hay grandes misterios y el amor es uno de los más inaccesibles.
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La muerte es una vieja historia y, sin embargo, siempre resulta nueva para alguien.
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¿De que sirve el ingenio cuando no nos divierte? No hay nada más fatigoso que un ingenio triste.
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Me levanté por la mañana con dolor de cabeza. Las emociones de la víspera estaban lejanas. En su lugar vino una perplejidad penosa y una tristeza que antes no había conocido. Era como si algo muriese en mí.
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El tiempo vuela a veces como un pájaro, y a veces se arrastra como un caracol. Pero la mayor felicidad del hombre sobreviene cuando no se advierte si su paso es raudo o moroso.
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¿Quieres vivir tranquilo? Pues trata a la gente, pero vive solo; no emprendas nada ni de nada te duelas. ¿Quieres vivir dichoso? Pues empieza por sufrir.
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¿Usted desea ser afortunado? Aprenda a sufrir entonces.
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El ajedrez es una necesidad tan imperiosa como la literatura.
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La vida no se le aparecía como ese mar de olas tumultuosas que describen los poetas; se la representaba llana como un espejo, inmóvil, transparente hasta es sus oscuras profundidades.
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Fue una temporada extraña, llena de nerviosismo, un verdadero caos en el que sentimientos opuestos, pensamientos, sospechas, esperanzas, alegrías y sufrimientos se arremolinaban en un torbellino.
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¡Lo que sentía era tan nuevo y tan dulce! Seguía sentado, mirando un poco hacia atrás, sin moverme, y sólo de vez en cuando me reía calladamente, recordando algo, o me estremecía al pensar que estaba enamorado, que lo que sentía era el amor.
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Me acuerdo de que entonces la imagen de una mujer, el fantasma de un amor, casi nunca aparecía de manera clara y nítida en mi mente, pero en todo lo que pensaba, en todo lo que sentía se escondía el presentimiento de algo nuevo, inimaginablemente dulce, femenino, algo de lo que sólo a medias era consciente, pero que hería mi pudor.
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No se enganchan a la misma lanza el caballo fogoso y la cierva temerosa
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Los niños desgraciados maduran antes que los niños felices.
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El viento tiritaba impaciente en los árboles oscuros, y en algún lugar de la lejanía, detrás del horizonte, murmuraba en voz baja, enfadado, el trueno.
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Lo respetaba, pero no le hacía ninguna concesión y, algunas veces con un deleite especial y maligno, le hacía sentir que él también estaba en sus manos.
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La mayoría de la gente no entiende cómo la otra parte se puede soplar la nariz de una manera distinta a la suya.
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Es dulce ser la única fuente, la causa tiránica e inapelable de las grandes dichas y de la desesperación más honda de otro ser.
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