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Frases de Jacinto Benavente

Frases de Jacinto Benavente

Director, guionista, productor de cine español. Premio Nobel de Literatura. Uno de los principales referentes cinematográficos de la cultura madrileña. Trabajo casi todos los géneros, entre ellos sus preferidos eran la tragedia, la comedia, el drama, el sainete. Criticado por sus tibias convicciones políticas.

El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.
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Si la pasión, si la locura no pasaran alguna vez por las almas… ¿Qué valdría la vida?
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La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande.
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En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca.
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El amor es como el fuego; suelen ver antes el humo los que están fuera, que las llamas los que están dentro.
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En la vida, lo más triste, no es ser del todo desgraciado, es que nos falte muy poco para ser felices y no podamos conseguirlo.
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Cuando no se piensa lo que se dice es cuando se dice lo que se piensa.
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El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece.
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El amor es lo más parecido a una guerra, y es la única guerra en que es indiferente vencer o ser vencido, porque siempre se gana.
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No hay sentimiento que valga; el amor es una ocupación como otra cualquiera.
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El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor.
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A perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho.
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El enemigo sólo empieza a ser temible cuando empieza a tener razón.
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Bien sé que las mujeres aman, por lo regular, a quienes lo merecen menos. Es que las mujeres prefieren hacer limosnas a dar premios.
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El dinero no puede hacer que seamos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo.
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Creedlo, para hacernos amar no debemos preguntar nunca a quien nos ama: ¿Eres feliz?, sino decirle siempre: ¡Qué feliz soy!
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Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos.
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Al amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlos.
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Mucha buena gente que sería incapaz de robarnos el dinero, nos roba sin escrúpulo alguno el tiempo que necesitamos para ganarlo.
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La disciplina consiste en que un imbécil se haga obedecer por los que son más inteligentes.
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El honor no se gana en un día para que en un día pueda perderse. Quien en una hora puede dejar de ser honrado, es que no lo fue nunca.
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El mal que hacemos es siempre más triste que el mal que nos hacen.
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Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes.
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No hay nada que desespere tanto como ver mal interpretados nuestros sentimientos.
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Eso de que el dinero no da la felicidad son voces que hacen correr los ricos para que no los envidien demasiado los pobres.
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La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe.
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Si la gente nos oyera los pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos.
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¡Bienaventurados nuestros imitadores, porque de ellos serán todos nuestros defectos!
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Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón.
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El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es que esta para morir.
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La felicidad es mejor imaginarla que tenerla.
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Como en las deudas, no cabe con las culpas otra honradez que pagarlas.
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En la pelea, se conoce al soldado; sólo en la victoria, se conoce al caballero.
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La vanidad hace siempre traición a nuestra prudencia y aún a nuestro interés.
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Muchos creen que tener talento es una suerte; nadie que la suerte pueda ser cuestión de tener talento.
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Algunos escritores aumentan el número de lectores; otros sólo aumentan el número de libros.
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Yo podría ser el último paria de mi reino, un leproso abandonado por todos, sin recuerdo y sin esperanza de goce alguno, y aún quisiera vivir.
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Poco bueno habrá hecho en su vida el que no sepa de ingratitudes.
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Ningún vanidoso siente celos.
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Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor.
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Los dictadores pueden reformar las leyes; pero no las costumbres.
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Nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa.
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En cada niño nace la humanidad.
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Es más fácil ser genial que tener sentido común.
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Nada fortifica tanto las almas como el silencio; que es como una oración íntima en que ofrecemos a Dios nuestras tristezas.
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Una cosa es continuar la historia y otra repetirla.
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No hay ninguna lectura peligrosa. El mal no entra nunca por la inteligencia cuando el corazón está sano.
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No es humano el deber que por soñar con una humanidad perfecta es inexorable con los hombres.
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Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro.
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Esperar es siempre temer.
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El verdadero amor, el amor ideal, el amor del alma, es el que sólo desea la felicidad de la persona amada, sin exigirle a cambio la nuestra.
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Los pueblos débiles y flojos, sin voluntad y sin conciencia, son los que se complacen en ser mal gobernados.
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El amor de los judíos a su pueblo sólo se traduce por odio a los demás pueblos de la tierra; odio disfrazado de amor a una idea, que es lo más abstracto que puede amarse y en nombre de la cual se predica la destrucción de todo lo existente, Humanidad inclusive. Donde veáis ruinas y estragos, podéis asegurar que por allí ha pasado el judío.
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El amigo que sabe llegar al fondo de nuestro corazón, ése, como tú, ni aconseja ni recrimina; ama y calla.
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La vida es como un viaje por mar: hay días de calma y días de borrasca. Lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco
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El hombre sería el más extraño animal del mundo, si no existiera la mujer.
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La felicidad no existe en la vida. Sólo existen momentos felices
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Es tan fea la envidia que siempre anda por el mundo disfrazada, y nunca más odiosa que cuando pretende disfrazarse de justicia.
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Los libros son como los amigos, no siempre es el mejor el que más nos gusta
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Todos creen que tener talento es cuestión de suerte; nadie piensa que la suerte puede ser cuestión de talento.
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El mal pago añade mérito a las buenas obras
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Quizás a nadie atormentamos como a nuestra madre; quizá por ningún cariño sacrificamos menos: tan seguros estamos de poseerlo siempre, de que siempre perdona.
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Madurez: Etapa en la que termina la edad de las locuras y empieza la de las tonterías.
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Dios castiga en los hijos las culpas de los padres, porque sabe que no hay mayor dolor para los padres que el dolor de los hijos.
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El más noble orgullo para una mujer, por mucho que la hayas ofendido, es poder perdonar siempre, sin tener que arrepentirse
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Deseo paciencia a los impacientes por verme desaparecer. Ya falta menos que antes
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Pensar mal para dispensarnos de hacer bien es el pesimismo de los espíritus mezquinos. Pensar mal y hacer bien es pesimismo de gran señor.
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Por un amor, una mujer es capaz de todo; hasta de hacer traición a su amor, si la traición es por salvarle.
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El amor es como el fuego. Ven antes el humo los que están fuera... que las llamas los que están dentro.
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Las mujeres aman, frecuentemente, a quien lo merece menos; y es que las mujeres prefieren hacer limosna a dar premios.
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Se vive sin pensar, porque sólo se piensa en vivir. Cada uno quiere vivir lo mejor posible, que es el modo de vivir todos muy malamente
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Dicen que me burlo de todo, me río de todo, porque me burlo de ellos y me río de ellos, y ellos creen ser todo.
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Los amores son como los niños recién nacidos; hasta que lloran no se saben si viven.
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Si los hombres hubiesen triunfado del dolor y de la muerte, quizá ya no hubiesen deseado nada, y sin desear algo, ¿vale la pena vivir?
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En cuestión de árboles genealógicos es más seguro andarse por las ramas que atenerse a las raíces
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Los recuerdos tienen más poesía que las esperanzas, como las ruinas son mucho más poéticas que los planos de un edificio en proyecto
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Para comprender el dolor no hay inteligencia como el dolor mismo.
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La cultura es la buena educación del entendimiento.
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Sí, creíste hacer bien, lo que era bien para ti; así buscando nuestro bien cada uno, entre todos desatamos el mal sobre la tierra.
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Una idea obsesiva siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo el cerebro
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La alegría de hacer bien está en sembrar, no en recoger.
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Es triste condición de la humanidad que más se unen los hombres para compartir los mismos odios que para compartir un mismo amor
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Comienza tu obra; comenzar es haber hecho la mitad; comienza de nuevo, y la obra quedará terminada.
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El ajedrez, interesantísimo; es juego de dioses: ¡manejar a nuestro antojo un mundo en pequeño con todas sus figuras! Quién sabe si el mundo no será en resumidas cuentas más que eso, un gran tablero de ajedrez al que unos seres superiores juegan con nosotros como nosotros jugamos con las figuras del ajedrez.
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El verdadero momento en que una mujer deja de querer a su marido no es cuando se decide a engañarlo, sino cuando él se entera del engaño, porque detruye el encanto de engañarle.
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La admiración no interroga nunca; con admirar comprende.
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La estimación depende de creer o no creer en quien se estima; el amor, ésta es su tragedia, aunque no crea, ama.
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Ser feliz es cuestión de práctica.
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Piense usted que siempre es más noble engañarse alguna vez que desconfiar siempre.
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Materializar lo espiritual, hasta hacerlo palpable, y espiritualizar lo material, hasta hacerlo visible
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El amor es así, como el fuego; suelen ver antes el humo los que están fuera que las llamas los que están dentro
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Todo lo que tiene un valor puede tener un precio
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La verdadera educación se demuestra cuando se pierde la educación
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La única aristocracia posible y respetable es la de las personas decentes
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El lujo de ser mejores que los demás hay que pagarlo: la sociedad exige un tributo que ha de pagarse en tiras de pellejo
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Hay secretos que se guardan por delicadeza más que por engañar.
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Perdonar supone siempre un poco de olvido, un poco de desprecio y un mucho de comodidad.
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Mejor que crear afectos es crear intereses.
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Algo mejor andaba el mundo y andaban los hombres cuando la amistad tenía más importancia que el amor.
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Las mujeres perdonan alguna vez al que las ha engañado, pero nunca al que no han podido engañar.
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La vida nos dice en sus lecciones que, alguna vez, para ser bueno, hay que dejar de ser honrado.
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Lo mejor es darle a los demás un papel agradable en la vida, para que lo representen bien.
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Una hora de alegría es algo que robamos al dolor y a la muerte, y el cielo nos recuerda pronto nuestro destino.
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Los naúfragos no eligen puerto
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El verdadero cariño no es el que perdona nuestros defectos, sino el que no los conoce
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Cuando hemos renunciado a nuestra dicha y nos contentamos con ver dichosos a los que nos rodean, es quizá cuando empezamos a serlo
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El pretexto para todas las guerras: conseguir la paz
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El verdadero amor no es el que perdona nuestros defectos, sino el que no los conoce
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La casualidad es un desenlace, pero no una explicación
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Suprime la vanidad en las mujeres y habrás suprimido la mitad, por lo menos, de ambición en los hombres.
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La única tristeza sin consuelo en la vida es la tristeza que se ha merecido
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Nunca como al morir un ser querido necesitamos creer que hay un cielo
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Nunca he comprendido que los hombres ni los pueblos quieran volver a vivir una sola hora de su vida pasada. Bien pasado está todo lo pasado
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Lo malo de la conciencia es que siempre está hecha a la medida
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Mucha buena gente que no sería capaz de robarnos el dinero, nos roba sin escrúpulo alguno el tiempo que necesitamos para ganarlo
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El día que cada uno fuéramos un tirano para nosotros mismos, todos los hombres serían igualmente libres
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Se hará lo que se deba, aunque se deba lo que se haga
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Es la vida la losa de los sueños
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Muchas veces para ser buenos tenemos que dejar de ser honrados
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Con hambre sólo, pero sin ideal alguno, se hace motines, pero no revoluciones.
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Es tan necia presunción perdonar la vida a los hombres como el corazón a las mujeres.
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El dinero pasa al correr por muchos lodazales
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¿Qué ama en nosotros el que nos quisiera distintos de los que somos? El amigo que sabe llegar al fondo de nuestro corazón, ése, como tú, ni aconseja ni recrimina; ama y calla.
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Tonterías son los disparates que no producen dinero.
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Si en vez de tantos como son a pretender hacer en un día la felicidad del país entero, cada uno tomara a su cargo la parte que le corresponde, otra cosa sería.
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En la mayor miseria de nuestra vida siempre hay algo en nosotros que quiere sentirse superior a nosotros mismos. Nos despreciamos demasiado si no creyésemos valer más que nuestra vida.
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Sabían reírse del mundo sin odio y sin amargauras.
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¡Cuántas veces se pasa uno al enemigo por huir de los amigos!
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¡El vicio es una gran nivelador!
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De lo que se dice en sociedad, lo que importa es que tenga gracia; lo de menos es que sea verdad.
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La noche ha prendido sus claros diamantes en el terciopelo de un cielo estival.
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No quieras saber... En amor, como en religión, el saber está muy cerca de la herejía.
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El artista que sólo pretende ser entendido por los inteligentes corre el peligro de no ser tan admirado por éstos como por los que quieren parecer inteligentes con admirarlas.
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Creedlo, para salir adelante con todo, mejor que crear afectos es crear intereses...
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El dinero no puede hacernos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo.
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Hay que ser constantes traperos en el montón de las mentiras, para encontrar de tarde en tarde alguna verdad.
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El arte de dirigir muchedumbres consiste en saber decirles lo que piensan.
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Desconfiemos siempre de los que nos creen capaces de mayores triunfos de los que hemos podido lograr. Es el modo pérfido de considerarnos fracasados.
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¡Qué agradable sería nuestra vida si nos la contaran como un cuento, si no hubiéramos de vivirla como una historia!.
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Ante cualquier desdicha que nos aflige, siempre nos admiramos al sentir menos de lo que a nuestro parecer debiéramos haber sentido.
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Un crítico puede tener razón contra una obra y la obra mayor razón contra un crítico.
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El amor propio y la vanidad nos hacen creer que nuestros vicios son virtudes, y nuestras virtudes, vicios.
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Si todos los que admiran a Shakespeare lo leyeran, ¡pobre Shakespeare! Acaso no fuese tan admirado, porque nada gana un poeta con ser leído, como nada gana un campo de flores con ser pisoteado.
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El origen de todas las grandes fortunas es la falta de delicadeza.
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El cariño no sabe de gratitud, no sabe de ningún otro sentimiento que no sea él mismo... Esto quizás es toda su grandeza... y también toda su miseria.
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Los artistas han convenido en que lo más pintoresco y característico de cada pueblo es la roña, sea material o espiritual.
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Sólo por nuestras obras, por nuestra acción, podemos saber de nuestra vida.
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Por amor una mujer es capaz de todo, incluso de traicionar ese amor para salvarlo.
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