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Frases de Juan Luis Vives

Frases de Juan Luis Vives

Humanista, filósofo y pedagogo del siglo XV, oriundo de Valencia. A temprana edad migra a París por temor a ser juzgado por la Inquisición ante su descendencia judía. Se gradua y arriba en Bélgica donde se desarrollaría su gran obra relacionada al campo de la educación y la disciplina. En ese periodo se entera que sus padres son condenados y quemados en la hoguera. Exigió en persona al Papa la paz entre cristianos y judíos.

No esperes que tu amigo venga a descubrirte su necesidad; ayúdale antes.
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Fatiga alguna vez el amor, mas nunca mata.
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¡Cuán grande riqueza es, aun entre los pobres, el ser hijo de buen padre!
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No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras.
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No hay cosa por fácil que sea, que no la haga difícil la mala gana.
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No puede existir bondad alguna donde no haya conocimiento de ella.
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No hay riqueza tan segura como un amigo seguro.
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Ni la utilidad del mentir es sólida,ni el mal de la verdad perjudica mucho tiempo.
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Muchos habrían podido llegar a la sabiduría si no se hubiesen creído ya suficiente sabios.
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Sal de la vida es la amistad.
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Nada es fácil ni tan útil como escuchar mucho.
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La fuente de la vida es el corazón.
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Desventurado el hombre que no tiene quien le amoneste cuando tiene necesidad de ello.
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El corazón es lo primero que vive en la estructura del animal y lo último que muere. En él tiene su comienzo y su término la vida.
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Es inútil toda polémica si no hay esperanza de que resulte provechosa.
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La diligencia en escuchar es el más breve camino hacia la ciencia.
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Todo cuanto hemos entendido, reflexionado y comparado está dispuesto para servir a la razón.
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Tan perjudicial es desdeñar las reglas como ceñirse a ellas con exceso.
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La memoria se acrecienta usando y aprovechándose de ella.
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Lo comprado al precio de muchos ruegos, es caro.
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Desterrada la justicia que es vínculo de las sociedades humanas, muere también la libertad que está unida a ella y vive por ella.
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La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.
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Es la muerte la falta de instrumentos del alma por los cuales se prolonga la vida.
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Ninguno cree que hace mal si los demás no juzgan que lo hace
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El hombre perdona algunas veces el aborrecimiento, pero jamás el menosprecio
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El que se hace amigo de un mal sujeto ha de esperar que esta amistad le reportará otras amistades peores.
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Muchos maestros de juicio estólido y depravado, a quienes no confiarías tus gansos, gobiernan las escuelas de los niños nobles.
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Desgraciado aquel que no halle quien le avise cuando es menester.
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Nada hay más útil que aprender muchas cosas, ni más fácil que oírlas
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La ociosidad es padre y madre de todos los vicios.
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Propio de todo hombre es el errar. Pero de nadie, sino del necio, el mantenerse en el error.
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Lo que quieras que otros no digan, tú lo has de callar primero.
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Libre es aquel que apetece solamente lo que está en sus manos alcanzar; siervo, el que tiene otras ambiciones.
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No hay mejor venganza de una injuria que olvidarla.
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La tiranía de la ignorancia es... la más dura y lóbrega de las esclavitudes.
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Sepan los jóvenes que dado el gran número y variedad de pecados que por todas partes nos acechan, requiere más discreción y constancia evitar el mal, que mantenerse en el bien
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Contestar injuria con injuria es lavar el barro con el barro.
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El humanista relacionará unos estudios con otros, pues todos ellos tienen entre sí alguna coherencia y parentesco. Será afanoso de saber y jamás le pasará por la mente haber llegado a la cumbre y al cabo de la erudición.
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Mira bien que no hay cosa en todo el universo, grande ni pequeña, que si miras su principio, su naturaleza y propiedad y fuerza, no te ponga en camino para considerar las maravillas de Dios.
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Salud es la disposición del cuerpo tal que el espíritu esté vigoroso.
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No pienses que todos huelgan de oír lo que tú huelgas de decir
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Lo que se compra al precio de muchos ruegos es demasiado caro
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Si de los hombres esperamos el premio, nos quedaremos sin el divino, y las más veces también sin el humano
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Esto quiere, esto manda Dios, que el hombre ame al hombre por el mismo hecho de ser hombre; que no atienda a su raza ni a su condición, sino a la humanidad y a Dios.
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En verdad no hay en la naturaleza un conocimiento tan fácil y asequible que no pueda llenar todo el espacio de una vida.
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Las guerras no deberían narrase de manera diferente que los latrocinios, esto es, breve y escuetamente, sin alabanza alguna, antes bien, detestándolas.
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No hay cosa tan lejana de las letras como la codicia y preocupación por el dinero.
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Maravillosa libertad la de Dios, que paga con largueza, si se lo devolvemos, aquello mismo que Él nos ha regalado.
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Si no me engaño me parece buena la siguiente proporción: cinco partes de lectura, cuatro de meditación, tres de escritura, que la lima reducirá a dos, y de estas dos sacar sólo una a la luz pública.
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La verdad, en cuyas filas debemos estar alineados, no pertenece a uno sino que es patrimonio de la colectividad.
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¿Quién podrá quejarse de que tiene pocos oyentes si el Creador del género humano se conformó con doce hombres?
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¿Qué mayor desgracia le puede pasar a un hombre que tener una opinión equivocada?
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Nada más vergonzoso para nosotros que el hecho de que los ladrones y maleantes tengan entre si una convivencia más amistosa que los intelectuales.
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Un solo día bien vivido de acuerdo a sus reglas, de la filosofía, bebería anteponerse a toda la inmortalidad.
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La guerra es ocupación más propia de bestias que de hombres.
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Es propio del varón sabio, luego de haber dispuesto lo que está en su mano con toda la posible industria y diligencia, de mostrarse resignado con lo que se le diere la fortuna.
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La modestia en el hombre de talento es cosa honesta; en los grandes genios, hipocresía.
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Jamás es nociva la reprensión aunque venga de tu enemigo.
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No es igual conocerse a sí mismo que juzgar de sí mismo.
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Si han de creer lo que dices, igualmente te creerán sin jurar que jurando, y si no han de creerte, cuanto más jures más se alejarán de ti.
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¿A qué se reduce el orador, si habla en monólogo y nadie le pincha ni le excita? Forzosamente se entorpecerá y languidecerá.
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Malo es que trabajen los hombres para morir ricos, no para vivir como tales hombres.
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Sé lento en adquirir amistades, pero sé constante en retenerlas una vez admitidas.
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No se debe tocar con ligereza lo que es peligroso dejar sin resolver.
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