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Frases de Lope de Vega

Frases de Lope de Vega

Referente líder del siglo de Oro de la literatura española, con una impronta muy fuerte en re-formular el teatro para volverlo más cercano a las masas y terminar convirtiéndolo en parte de la cultura popular, sabiendo que antes el teatro era solo para clases sociales altas. Reconocido también por su rivalidad con Cervantes.

La raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación.
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Que más mata esperar el bien que tarda que padecer el mal que ya se tiene.
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No sé yo que haya en el mundo palabras tan eficaces ni oradores tan elocuentes como las lágrimas.
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No hay cosa más fácil que dar consejo ni más difícil que saberlo tomar.
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Donde hay amor no hay señor, que todo lo iguala el amor.
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Celos son hijos del amor, mas son bastardos, te confieso.
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Porque dicen, amor, que no caminas si los celos no te calzan las espuelas.
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Nadie puede apartarse de la verdad sin dañarse a sí mismo.
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Que no hay, para olvidar amor, remedio como otro nuevo amor, o tierra en medio.
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Con viento mi esperanza navegaba; perdonóla la mar, matóla el puerto.
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Que si ha de dar un desengaño muerte, mejor es un engaño que da vida.
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La amistad es el alma de las almas
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Quien mira lo pasado, lo porvenir advierte.
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A mis soledades voy / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo / me bastan mis pensamientos ( romance de El solitario).
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Si humor gastar pudiera, con más salud sospecho que viviera
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Ni me dejo forzar ni me defiendo, darme quiero a entender sin decir nada. Entiendame quien pueda; yo me entiendo.
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El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida
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Pero la vida es corta: viviendo, todo falta; muriendo, todo sobra
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Lo que cuenta no es mañana, sino hoy. Hoy estamos aquí, mañana tal vez, nos hayamos marchado.
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La mujer tiene el color y el perfume de las rosas, la limpidez y pureza del cristal y sobre todo, su fragilidad.
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Forzoso es hablarle al vulgo en necio para darle gusto.
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No hay en el mundo palabras tan eficaces ni oradores tan elocuentes como las lágrimas.
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Quien no ama la vida, no la merece. ¿Qué viene a ser esta vida, sino un breve camino para la muerte?
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... porque como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto (del Arte nuevo de hacer comedias, vv. 47-48).
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No quiso la lengua castellana que de casado a cansado hubiese más de una letra de diferencia.
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¡Oh, libertad gran tesoro! porque no hay buena prisión, aunque fuese en grillos de oro.
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Las pajas del pesebre niño de Belén hoy son flores y rosas, mañana serán hiel. Lloráis entre pajas, del frío que tenéis, hermoso niño mío, y del calor también. Dormid, Cordero santo; mi vida, no lloréis; que si os escucha el lobo, vendrá por vos, mi bien
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El querer no es elección porque ha de ser accidente.
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El vino, mientras más se envejece, más calor tiene: al contrario de nuestra naturaleza, que mientras más vive, más se va enfriando.
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La poesía es pintura de los oídos, como la pintura poesía de los ojos.
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La muerte es cobarde para los que no la huyen y animosa para los que la temen.
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¡Oh, libertad preciosa, no comparada al oro, ni al bien mayor de la espaciosa tierra, más rica y más gozosa que el precioso tesoro que el mar del sur entre su nácar cierra.
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No tiene un padre enemigos como los hijos traviesos.
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Una bella huida libra toda la vida (Gatomaquia).
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Son celos cierto temor tan delgado y tan sutil, que si no fuera tan vil, pudiera llamarse amor.
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Ni el rey comería... si el labrador no labrase.
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De mis soledades vengo.
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Los celos son hijos del amor, mas son bastardos, te confieso.
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Piezas somos de ajedrez y el loco mundo es la tabla, pero en la talega juntos peones y reyes andan.
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No hay placer que no tenga por límites el dolor; que con ser el día la cosa más hermosa y agradable tiene por fin la noche.
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El oro es como las mujeres, que todos dicen mal de ellas y todos las desean.
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A nadie se le dio veneno en risa.
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Que es amor dulce materia para no sentir las horas que por los amantes vuelan.
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Que en amigotes de los que hay agora Ni deuda ni mujer está segura.
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No falta razón, que esta fiesta bruta sólo ha quedado en España, y no hay nación que una cosa tan bárbara e inhumana si no es España consienta.
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Que más vale pobreza en paz, que en guerra mísera riqueza.
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Quien desea morir, la vida teme
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Yo he visto mujeres feas que tratadas son hermosas.
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No sé la razón de la sinrazón que a mi razón aqueja.
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De acuerdo, entonces, lo diré: Dante me hace enfermar
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Hablé, lloré y entré por aquel lado, porque no tiene Dios puerta cerrada al corazón contrito y humillado.
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Que de una mujer que es buena mil cosas buenas se aprenden.
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¡Dios me libre de enemistades de amigos!
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Pero con una cosa me contento; que aunque pueda quitarme la esperanza, no me puede quitar el pensamiento.
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Quién lástima escucha, cerca está de perdonar.
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Señales son del juicio ver que todos le perdemos, unos por carta de más otros por carta de menos.
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Es cualquier libro discreto (que si cansa, de hablar deja) un amigo que aconseja y que reprende en secreto.
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Viviendo todo falta, muriendo todo sobra.
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La liberalidad es la primera hija del amor y la piedra imán más atractiva para los hierros de la voluntad.
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La verdad de ninguna cosa tiene vergüenza sino de estar escondida.
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Que pobreza no es vileza mientras no hace cosas malas.
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La virtud tiene en sí todas las cosas; y todas le faltan a quien no la tiene.
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Quien gobierna, mal descansa.
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Después del perdón son infames los delitos
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Nunca el honor se perdió mientras duró el secreto
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En su casa, hasta los pobres son reyes
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Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra a los hombres, Dios ha nacido en Belén en esta dichosa noche. Nació de una pura Virgen; buscadle, pues sabéis donde, que en sus brazos le hallaréis envuelto en mantillas pobres
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Yo vengo de ver, Antón, un niño en pobrezas tales, que le di para pañales las telas del corazón
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¿Qué tenéis, dulce Jesús?, le dice la Niña bella; ¿tan presto sentís mis ojos el dolor de mi pobreza? Yo no tengo otros palacios en que recibiros pueda, sino mis brazos y pechos, que os regalan y sustentan.
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La Niña a quien dijo el Ángel que estaba de gracia llena, cuando de ser de Dios madre le trujo tan altas nuevas
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¡Qué tanto puede una mujer que llora!
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Soy rey de mi voluntad, no me la ocupan negocios, y ser muy rico de ocios es suma felicidad
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Que amor se hace gigante con los celos.
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Que el grande y el pequeño somos iguales lo que dura el sueño.
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No sé la razón de la sin razón que a mi corazón aqueja.
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Es perdonar al vencido el triunfo de la victoria.
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Que no hay tan diestra mentira, que no se venga a saber.
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Porque para andar conmigo
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Me bastan mis pensamientos.
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A mis soledades voy.
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Cuando la mujer aborrece lo que en algún tiempo le agradó, es mucho peor que si siempre lo hubiese aborrecido.
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No hay mejor lana que no tener mañana, ni mejor bronce que tener años once.
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El ingrato el bien escribe en el agua, el mal en piedra.
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Dios nos libre de enemistarnos con amigos.
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A los que no la pueden gozar, pésales que haya hermosura.
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La virtud, como el arte, hallarse suele cerca de lo difícil.
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Madrid; que no hay ninguna villa, en cuanto el sol dora y el mar baña más agradable, hermosa y oportuna, cuya grandeza adorna y acompaña la Corte de los Césares de España.
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