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Frases de Marcel Proust

Frases de Marcel Proust

Novelista, ensayista, crítico francés. Su principal obra, que le trajo reconocimiento y fama mundial se titula al español "En busca del tiempo perdido". La cual no es un solo libro sino que es una saga de pensamientos y reflexiones publicadas en un periodo de 14 años. Es considerado entre los literarios más interesantes del siglo XX.

A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear.
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Sólo se ama lo que no se posee totalmente.
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El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.
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El instinto dicta el deber y la inteligencia da pretextos para eludirlo.
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A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas.
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Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma.
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Ciertos recuerdos son como amigos comunes, saben hacer reconciliaciones.
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La felicidad es saludable para el cuerpo, pero es la pena la que desarrolla las fuerzas del espíritu.
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El deseo florece; la posesión lo marchita todo.
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Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre.
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Los recuerdos comunes son a veces los más pacificadores.
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El amor es una enfermedad inevitable, dolorosa y fortuita.
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Para el beso, la nariz y los ojos están tan mal colocados como mal hechos los labios.
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El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad.
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Los celos no son corrientemente más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor.
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Somos sanados del sufrimiento solamente cuando lo experimentamos a fondo.
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El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos.
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Cada beso llama otro beso. ¡Con qué naturalidad nacen los besos en esos tiempo primeros del amor! Acuden apretándose unos contra otros; y tan difícil sería cortar los besos que se dan en una hora, como las flores de un campo en el mes de mayo
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Dejemos las mujeres bonitas a los hombres sin imaginación
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A partir de cierta edad hacemos como que no nos importan las cosas que más deseamos.
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El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma.
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Sólo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente
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Como todo el que no está enamorado, él piensa que se puede elegir a la persona amada en base a interminables deliberaciones sobre sus ventajas e inconvenientes
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Un hombre honesto debe obtener la estima pública sin haberlo previsto, y por así decirlo, a pesar suyo. Quien se dedica a buscarla revela su estatura
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El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos caminos sino en tener nuevos ojos.
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Cada clase social tiene su patología.
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Resulta asombrosa la poca imaginación de los celos, que pasan el tiempo haciendo suposiciones falsas, cuando de lo que se trata es de descubrir la verdad.
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Cuando nos vemos al borde del abismo y parece que Dios nos ha abandonado, ya no vacilamos en esperar de él un milagro.
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La sabiduría no nos viene dada, sino que debemos descubrirla por nosotros mismos, después de un viaje que nadie puede ahorrarnos o hacer por nosotros
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Los paraísos perdidos sólo están en nosotros mismos
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Allí donde la vida levanta muros, la inteligencia abre una salida
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La gente desea aprender a nadar y al mismo tiempo mantener un pie en tierra.
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Vale más soñar la vida propia que vivirla, aunque vivirla es también soñarla.
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Nuestro corazón tiene la edad de aquellos que ama.
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Nuestros deseos se ponen trabas mutuamente y en la confusión de la vida raras veces una dicha corresponde exactamente a aquel que la había reclamado.
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Tal como un hombre inteligente no teme parecerle tonto a otro hombre inteligente, el hombre elegante no tendrá miedo de que su elegancia pase inadvertida al gran señor, sino al patán. Las tres cuartas partes de los alardes de ingenio y mentiras vanidosas que los hombres han prodigado, rebajándose, desde que el mundo es mundo, iban dirigidas a inferiores.
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Cada lector se encuentra a sí mismo. El trabajo del escritor es simplemente una clase de instrumento óptico que permite al lector discernir sobre algo propio que, sin el libro, quizá nunca hubiese advertido
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¿Buscar? No sólo buscar, crear
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El único paraíso es el paraíso perdido
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A la mala costumbre de hablar de uno mismo y de los propios defectos hay que añadir, como formando bloque con ella, ese otro hábito de denunciar, en los caracteres de los demás, defectos análogos a los nuestros
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En cuanto somos desdichados, nos volvemos morales
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La verdadera felicidad no consiste en encontrar nuevas tierras, sino en ver con otros ojos.
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Más vale soñar la vida que vivirla, aunque vivirla también sea soñarla
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El amor es el espacio y el tiempo hechos sensibles para el corazón
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No hay paraíso hasta que se ha perdido
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Un artista no tiene necesidad de expresar directamente su pensamiento en la obra para que ésta refleje la calidad de aquél
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Así ocurre con nuestro pasado. Es trabajo perdido el querer evocarlo, e inútiles todos los afanes de nuestra inteligencia
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El pueblo se inquieta al ver llorar, como si un sollozo fuera más grave que una hemorragia
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El verdadero viaje se hace en la memoria
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Siempre hablamos de defectos análogos a los que tenemos, como si fuera una manera desviada de hablar de nosotros, que une al placer de absolvemos el de confesar
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El plagio humano del que resulta más difícil escapar, para los individuos (e incluso los pueblos que perseveran en sus faltas y van agravándolas), es el de uno mismo.
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Cabe preguntarse si en ciertas clases populares no existe más duplicidad que en la alta sociedad, que sin duda se reserva para nuestra ausencia las frases descorteses, pero cuya actitud hacia nosotros no seria insultante si estuviéramos apenados
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La ambición embriaga más que la gloria.
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La felicidad en el amor no es un estado normal.
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Nuestro corazón tiene edad de aquello que ama.
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Mentimos toda la vida incluso -o sobre todo o tal vez sólo- a quienes nos aman.
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Los vínculos que nos unen a una persona resultan santificados cuando se pone en el mismo punto de vista que nosotros para juzgar una de nuestras tareas.
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Somos senados del sufrimiento solamente cuando lo experimentamos a fondo
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¿Quién lee mejor que un chico?
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Los días son quizá iguales para un reloj, pero no para un hombre
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Una obra de arte que encierre teorías es como un objeto sobre el que se ha dejado la etiqueta del precio.
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Trabajamos siempre para dar forma a nuestra vida, pero copiando sin querer, como un dibujo, los rasgos de la persona que somos y no los de aquélla que nos agradaría ser
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Cierta aristocracia, educada desde la infancia para considerar su nombre como una ventaja interior que nada puede quitarle, sabe que puede evitarse -pues nada le añadirían- los esfuerzos que sin resultado posterior apreciable hacen tantos burgueses por profesar sólo opiniones bien consideradas y frecuentar sólo a personas bienpensantes
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Más difícil aún que llevar una vida ordenada es imponérselo a otros
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Se ha llegado a decir que la más alta alabanza de Dios está en la negación del ateo, que encuentra la Creación lo bastante perfecta como para poder prescindir de un Creador
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Tan pronto como uno es infeliz se hace moral
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Con la conservación de energía que posee todo lo físico, el sufrimiento ni siquiera necesita las lecciones de la memoria: así, un hombre que ha olvidado las hermosas noches que pasó al claro de luna en el bosque, todavía sufre del reumatismo que cogió en él
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Por muy bien hechos que estén los puntos de sutura, se vive con dificultad cuando nuestras vísceras han sido substituidas por la añoranza de una persona; parece que ésta ocupara más lugar que aquéllas, la sentimos continuamente, y además ¡qué ambigüedad verse obligado a pensar una parte del propio cuerpo!
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Lo mismo que el porvenir, el pasado no se saborea todo de una vez, sino grano a grano
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La adolescencia es la única época en la que he aprendido algo
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Tal vez la inmovilidad de las cosas a nuestro alrededor les viene impuesta por nuestra certeza de que son ellas y no otras, por la inmovilidad de nuestro pensamiento frente a ellas
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Todo lo grande en el mundo viene de los neuróticos
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No hay vicios que no encuentren entre la alta sociedad apoyos complacientes, y se ha visto trastornar la distribución de un castillo para hacer que una hermana durmiera cerca de su hermana cuando se ha sabido que no la amaba sólo como hermana.
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En el sacerdote, como en el alienista, siempre hay algo de juez de instrucción
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El afortunado hallazgo de un solo libro puede haber cambiado el destino de un hombre.
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Ciertas creencias que no percibimos no por ello son asimilables a un puro vacío, como no lo es el aire que nos envuelve; componen a nuestro alrededor una atmósfera variable, a veces excelente, a menudo irrespirable, y merecerían ser anotadas con tanto cuidado como la temperatura, la presión barométrica o la estación, pues nuestros días tienen su originalidad física y moral.
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Aprender a conocer más para amar menos
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El hombre, que juega perpetuamente entre los dos planos de la experiencia y la imaginación, querría profundizar en la vida ideal de la gente que conoce y conocer a las personas cuya vida ha tenido que imaginar
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Para figurarse una situación desconocida, la imaginación toma prestados elementos conocidos y a causa de ello no se la figura. Pero la sensibilidad, aún la más física, recibe, como un reguero de pólvora, la firma original y por mucho tiempo indeleble del nuevo acontecimiento.
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Los grandes señores son casi las únicas personas de las que se puede aprender tanto como de los campesinos; su conversación está adornada con todo lo que se refiere a la tierra, las mansiones tal como se habitaban antaño, los usos antiguos, todo lo que el mundo del dinero ignora profundamente.
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