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Frases de Oliverio Girondo

Frases de Oliverio Girondo

Uno de los más grandes poetas argentinos, destacado en muchas perspectivas del arte de las letras pero cuyo principal talento se despertó en la poesía tanto romántica como también aquella que resaltaba los más oscuros lados de la vida.

Un libro debe construirse como un reloj y venderse como un salchichón.
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La cotidianeidad nos teje, diariamente, una telaraña en los ojos
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Solidario por predestinación y por oficio. Solidario por atavismo, por convencionalismo. Solidario a perpetuidad. Solidario de los insolidarios y solidario de mi propia solidaridad
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Nada ansío de nada, mientras dura el instante de eternidad que es todo, cuando no quiero nada.
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Solo, con la ventana abierta a las estrellas, entre árboles y muebles que ignoran mi existencia, sin deseos de irme, ni ganas de quedarme a vivir otras noches, aquí, o en otra parte, con el mismo esqueleto, y las mismas arterías, como un sapo en su cueva circundado de insectos.
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Basta que alguien me piense para ser un recuerdo.
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Hablaban de un caballo. Yo creo que era un ángel.
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¿Qué es la moda? Desde el punto de vista artístico una forma de fealdad tan intolerable que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses
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Musicalmente, el clarinete es un instrumento muchísimo más rico que el diccionario.
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Los únicos brazos entre los cuales nos resignaríamos a pasar la vida son los brazos de las Venus que han perdido los brazos.
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¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Política?..Seamos argentinos, gritan algunos...Sin advertir que la nacionalidad es algo tan fatal como la conformación de nuestro esqueleto.
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Y cortar las amarras lógicas, ¿No implica la única y verdadera posibilidad de aventura?
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Yo no pretendo sufrir la humillación de los gorriones. Yo no aspiro a que me babeen la tumba de lugares comunes, ya que lo único realmente interesante es el mecanismo de sentir y de pensar. ¡Prueba de existencia!
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¿Y no basta con abrir los ojos y mirar para convencernos de que la realidad es, en realidad, el más auténtico de los milagros?
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¡El arte es el peor enemigo del arte!... un fetiche ante el que se ofician, arrodillados, quienes no son artistas.
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¡Si al menos pudiéramos arrimar un ojo a alguno de los agujeritos que hay en el cielo!
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Más que tierra eres cielo, campo nuestro.
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¿Por qué bajas los párpados? Ya sé que estás desnudo, pero puedes mirarme con los ojos tranquilos. Los días nos enseñan que la fealdad no existe.
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La poesía siempre es lo otro, aquello que todos ignoran hasta que lo descubre un verdadero poeta.
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Allí están las ventanas que te dan un pretexto para abrir bien los brazos. Asómate al marítimo bullicio de las calles. ¿No oyes una sirena que llama desde el puerto?
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Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor.
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No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio.
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Con la poesía sucede lo mismo que con las mujeres: llega un momento en que la única actitud respetuosa consiste en levantarles la pollera.
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Hasta las ideas más optimistas toman un coche fúnebre para pasearse por mi cerebro.
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La experiencia es la enfermedad que ofrece el menor peligro de contagio. Frase exacta: aunque la experiencia sea una enfermedad que ofrece tan poco peligro de contagio
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La camarera me trae, en una bandeja lunar, sus senos semi-desnudos...Unos senos que me llevaría para calentarme los pies cuando me acueste.
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Si no hubieras andado siempre solo ¿Todavía tendrías voz de toro?
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¡España! País ardiente y seco como un repiqueteo de castañuelas.
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¿Un éxito eventual sería capaz de convencernos de nuestra mediocridad? ¿No tendremos una dosis suficiente de estupidez, como para ser admirados?
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La arquitectura árabe consiguió proporcionarle a la luz, la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz, en una boca entreabierta de mujer.
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Llorar a lágrima viva, llorar a chorros...Llorarlo todo, pero llorarlo bien. (...) Llorar de amor, de hastío, de alegría...
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¡Hasta las sombras, campo, no dan nunca ni el más leve traspiés en tu llanura!
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Nada de nada; es todo. Así te quiero, nada. ¡Del todo!..Para nada.
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Si no saben volar pierden el tiempo las que pretenden seducirme.
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Eres tan claro y limpio y sin dobleces que el vuelo de una nube te ensombrece.
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Siempre volvemos, campo, de tus tardes con un lucero humeante...Entre los labios.
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Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.
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Ante la exquisitez del idioma francés, es comprensible la atracción que ejerce la palabra merde.
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Este campo fue mar de sal y espuma. Hoy oleaje de ovejas, voz de avena.
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Pero la luna intacta es un lago de senos que se bañan tomados de la mano.
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¡Y ante todo está el mar! ¡El mar!..Ritmo de divagaciones. ¡El mar! Con su baba y con su epilepsia.
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No me agrada esta calma, este silencio muerto, sin carne, puro hueso.
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Las mujeres modernas olvidan que para desvestirse y desvestirlas se requiere un mínimo de indumentaria.
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Une al don de tu pan y de tu mano el de darle candor a nuestro canto.
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Yo también... ¡Sí! Yo tengo - ¿Por qué no confesarlo? - un pequeño fantasma, un duende de familia.
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Lloremos. ¡Ah! Lloremos purificantes lágrimas, hasta ver disolverse el odio, la mentira, y lograr algún día -sin los ojos lluviosos- volver a sonreírle a la vida que pasa.
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Aunque ellos mismos lo ignoren, ningún creador escribe para los otros, ni para sí mismo, ni mucho menos, para satisfacer un anhelo de creación, sino porque no puede dejar de escribir.
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Así como hay hombres cuya sola presencia resulta de una eficacia abortiva indiscutible, la mía provoca accidentes a cada paso, ayuda al azar y rompe el equilibrio inestable de que depende la existencia.
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Hasta que el día menos pensado, la mujer que nos electriza intensifica tanto sus descargas sexuales, que termina por electrocutarnos en un espasmo, lleno de interrupciones y de cortocircuitos.
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Yo no comprendo nada. No tan sólo tus manos son un puro milagro. Un traspiés, un olvido, y acaso fueras mosca, lechuga, cocodrilo. Y después...Esa estrella. No preguntes. ¡Misterio! El silencio.
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Y para acá o allá y desde aquí otra vez y vuelta a ir de vuelta y sin aliento y del principio o término del precipicio íntimo hasta el extremo o medio o resurrecto resto de éste o aquello o de lo opuesto y rueda que te roe hasta el encuentro y aquí tampoco está y desde arriba abajo y desde abajo arriba ávido asqueado por vivir entre huesos o del perpetuo estéril desencuentro a lo demás de más.
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Lo cotidiano podrá ser una manifestación modesta dejo absurdo, pero aunque Dios —reencarnado en algún sacamuelas— nos obligara a localizar todas nuestras esperanzas en los escarbadientes, la vida no dejaría de ser, por eso, una verdadera maravilla.
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El verdever el todo ver quizás en libre aleo el ser el puro ser sin hojas ya sin costas ni ondas locas ni recontras sólo su ámbito solo recién quizás recién entonces.
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