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Frases de Robert Frost

Frases de Robert Frost

Poeta estadounidense. Su obra se destaca y cautiva por mostrar una vida sencilla, y los detalles de los habitantes de la zona rural de Nueva Inglaterra. Se destacan textos como "El Arroyo que Fluye al Oeste", "En el Calvero". Siempre haciendo énfasis en los paisajes, ríos, y todos detalles de la naturaleza.

La mitad del mundo tiene algo que decir, pero no puede; la otra mitad no tiene nada que decir, pero no calla.
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En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante.
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Hay que amar lo que es digno de ser amado y odiar lo que es odioso, mas hace falta buen criterio para distinguir entre lo uno y lo otro.
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La felicidad recupera en altura lo que le falta en longitud.
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El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quien tiene el mejor abogado.
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En un bosque se bifurcaron dos caminos, y yo... Yo tomé el menos transitado. Esto marcó toda la diferencia.
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El cerebro es un órgano maravilloso. Comienza a trabajar nada más levantarnos y no deja de funcionar hasta entrar en la oficina.
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Pero tengo promesas que cumplir, y andar mucho camino sin dormir, y andar mucho camino sin dormir.
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El mejor camino para salir es siempre a través.
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A la pista de tenis se va a jugar al tenis, no a ver si las líneas son rectas.
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Un poema comienza en deleite y termina en sabiduría.
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Escribir en verso libre es como jugar al tenis con la red abajo.
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De haber escrito mi propio epitafio este hubiese sido: Tuve una riña de enamorados con el mundo.
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Una mitad del mundo está compuesta de gente que tienen algo que decir y no pueden, y la otra de gente que no tienen nada que decir y siguen diciéndolo.
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Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles; muy a menudo sueño en que volveré a serlo, cuando me hallo cansado de mis meditaciones, y la vida parece un bosque sin caminos donde, al vagar por él, sentirnos en la cara ardiente el cosquilleo de rotas telarañas, y un ojo lagrimea a causa de una brizna, y quisiera alejarme de la tierra algún tiempo, para luego volver y empezar otra vez.
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Unos dicen que el mundo sucumbirá en el fuego. Otros que en el hielo. Por lo que yo he probado del deseo, estoy a favor de los que apuestan por el fuego. Pero si por dos veces el mundo pereciera, creo que en cuanto a destrucción, el hielo también es grande y suficiente.
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Nada hay, para el amor, como la tierra; ignoro si existe mejor sitio.
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Trabajando fielmente ocho horas por día, puedes conseguir ser un jefe y trabajar doce horas por día.
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La educación es la habilidad de escuchar cualquier cosa sin que pierdas los estribos o la seguridad en ti mismo.
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La razón por la que la preocupación mata más que el trabajo, es porque es más gente la que se preocupa que la que trabaja.
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Dos caminos divergían en el bosque, y tomé el menos transitado. Eso hizo toda la diferencia.
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El amor es un deseo irresistible de ser deseado irresistiblemente.
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¡Qué bellos son los bosques y sombríos! Pero tengo promesas que cumplir, y andar mucho camino sin dormir, y andar mucho camino sin dormir.
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Que jamás el destino, comprendiéndome mal, me otorgue la mitad de lo que anhelo y me niegue el regreso.
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Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia.
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Un banco es un lugar en el que le prestan a usted un paraguas cuando hace buen tiempo y se lo piden cuando empieza a llover
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Es justo allí a mitad de camino entre el huerto desnudo y el huerto verde, cuando las ramas están a punto de estallar en flor, en rosa y blanco, que tememos lo peor.
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Un poema completo es uno donde la emoción ha encontrado su pensamiento y el pensamiento ha encontrado las palabras
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La lluvia le dijo al viento: Empuja tú que yo azoto y tánto hirieron el soto que de las flores altivas, doblegadas pero vivas, yo sentía el sufrimiento.
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Un vallado hace buenos vecinos
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La educación es la capacidad de escuchar casi cualquier cosa sin perder el genio o confianza en ti.
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El sueño más hermoso que el trabajo conoce son los hechos. Mi larga guadaña susurró, y olvidóse del heno.
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Esquivando una abeja de la flor, incliné mi cabeza y, cogiéndola luego por el tallo, escuché y oí, clara, la palabra... ¿Pronunciaste mi nombre? ¿O bien dijiste...? Sí, alguien dijo: ¡Ven!, mientras yo me inclinaba. Si acaso lo pensaba, no lo dije en voz alta... Por eso regresé.
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No puede un viejo solo llenar toda una casa, un rincón de los campos, una granja. No puede. Así un anciano guarda la casa solitaria, en la noche de invierno. Y está solo. Está solo.
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