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Frases de Simone Weil

Frases de Simone Weil

Filósofa francesa. De descendencia claramente judía vivió el periodo histórico de Francia preocupada por la problemática nazi y los conflictos de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de su clara descendencia, su familia se consideraba laica desde antes de su nacimiento y jamás practicaron actividades religiosas,.no obstante es perseguida por su pensamiento liberal y anti-bélico, como también anti-nazi.

Al luchar contra la angustia uno nunca produce serenidad; la lucha contra la angustia sólo produce nuevas formas de angustia.
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¿Por qué he de preocuparme? No es asunto mío pensar en mi. Asunto mío es pensar en Dios. Es cosa de Dios pensar en mi.
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Cuando una contradicción es imposible de resolver salvo por una mentira, entonces sabemos que se trata de una puerta.
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Para que tu mano derecha ignore lo que hace la izquierda, habrá que esconderla de la conciencia.
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Todos los dolores que nos alejan son dolores perdidos.
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Un método para comprender las imágenes, los símbolos, etc. No tratar de interpretarlos, sino simplemente mirarlos hasta que brote de ellos la luz.
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Dinero, maquinización, álgebra. Los tres monstruos de la civilización actual. Analogía perfecta.
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Lo enormemente doloroso del trabajo manual es que se está obligado a esforzarse durante largas horas simplemente para existir. El esclavo es aquél al que no se le propone bien alguno cómo objeto de sus fatigas, sino la mera existencia.
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La desgracia extrema que acomete a los seres humanos no crea la miseria humana; simplemente la pone de manifiesto.
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Esa vulnerabilidad de las cosas valiosas es hermosa porque la vulnerabilidad es una marca de existencia.
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La belleza es la armonía entre el azar y el bien.
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La atención absolutamente pura y sin mezcla es oración.
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Amar a un extraño como a sí mismo entraña como contrapartida: amarse a sí mismo como a un extraño.
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Toda obra de arte tiene un autor, pero cuando es perfecta, sin embargo, tiene algo de anónima. Imita el anonimato del arte divino. La belleza del mundo, por ejemplo, es muestra de un Dios a la vez personal e impersonal, y ni lo uno ni lo otro.
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Hay que realizar lo posible para alcanzar lo imposible.
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No tratar de no sufrir ni de sufrir menos, sino de no alterarse por el sufrimiento.
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La belleza seduce a la carne con el fin de obtener permiso para pasar al alma.
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Todas las tragedias que se puedan imaginar confluyen en una sola y única tragedia: el paso del tiempo
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Ser inocente es soportar el peso del universo entero. Es arrojar el contrapeso.
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La grandeza del hombre está siempre en el hecho de recrear su vida. Recrear lo que le ha sido dado. Fraguar aquello mismo que padece. Con el trabajo produce su propia existencia natural.
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La apariencia posee la plenitud de la realidad, pero sólo en cuanto apariencia. En cuanto cosa distinta de apariencia, es error.
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El orden social no puede ser más que un equilibrio de fuerzas.
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La creación: el bien hecho trozos y esparcido a través del mal.
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La creencia en la existencia de otros seres humanos como tales es amor.
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De todos los seres humanos, sólo reconocemos la existencia de aquéllos a los que amamos.
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Matar con el pensamiento todo cuanto se ama: única manera de morir.
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El mal es ilimitado, pero no infinito. Sólo lo infinito limita lo ilimitado.
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El amor tiende a llegar cada vez más lejos. Pero tiene un límite. Cuando ese límite se sobrepasa, el amor se vuelve odio. Para evitar ese cambio, el amor debe hacerse diferente.
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En todo aquello que nos provoca una auténtica y pura sensación de lo bello existe realmente presencia de Dios. Hay como una especie de encarnación de Dios en el mundo, cuya marca es la belleza.
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Si se desea solamente el bien, se está en oposición a la ley que une al bien real con el mal del mismo modo que al objeto iluminado con la sombra; y, estando en oposición a la ley universal del mundo, es inevitable que se caiga en la desgracia.
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La belleza de un paisaje en el momento cuando nadie lo ve, absolutamente nadie...Ver un paisaje tal cual es cuando no estoy en él. Cuando estoy en algún lugar, enturbio el silencio del cielo y de la tierra con mi respiración y el latir de mi corazón.
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Puesto que no se puede esperar de un hombre que no posee la gracia que sea justo, es preciso que la sociedad esté organizada de tal manera que las injusticias se vayan corrigiendo unas a otras en una perpetua oscilación.
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El capitalismo ha consumado la liberación de la colectividad humana en relación con la naturaleza. Pero esa misma colectividad ha heredado inmediatamente frente al individuo la función opresiva que antes ejercía la naturaleza.
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Lo que cuenta en una vida humana no son los sucesos que la dominan a través de los años —o incluso de los meses— o incluso de los días. Es el modo en que se encadena cada minuto con el siguiente, y lo que le cuesta a cada cual en su cuerpo, en su corazón, en su alma —y por encima de todo, en el ejercicio de su facultad de atención— para efectuar minuto por minuto este encadenamiento.
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El deseo es un anhelo del pensamiento hacia el porvenir
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Sólo el equilibrio aniquila la fuerza
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Sólo el equilibrio deshace la fuerza.
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Todo crimen es una transferencia del mal de aquél que actúa sobre aquél que padece.
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El movimiento descendente, espejo de la gracia, es la esencia de toda música.
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Si en este mundo no hubiera desgracia, podríamos pensar que estábamos en el paraíso.
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El avaro, por ansia de su tesoro, se priva de él.
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La energía necesaria reside en mí, ya que con ella tengo para vivir.
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La relación pertenece al espíritu solitario. Ninguna muchedumbre concibe la relación.
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La obediencia a un hombre cuya autoridad no está alumbrada con legitimidad es una pesadilla.
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Cuando se ha pecado por injusticia, no basta sufrir justamente, hay que sufrir la injusticia.
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Es preciso desarraigarse. Talar el árbol y hacer con él una cruz para luego llevarla todos los días.
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Al sucumbir bajo el peso de la cantidad, al espíritu no le queda otro criterio que el de la eficacia.
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El pecado contra el Espíritu consiste en conocer algo como bueno y odiarlo en cuanto bueno.
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Lo que en el criminal no es sensible, es el crimen. Lo que en el inocente no es sensible, es la inocencia.
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La verdad se produce al contacto de dos proposiciones, ninguna de las cuales es cierta; la relación entre ambas es cierta.
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Al igual que el poder, el dinero es puro medio. Tiene por único valor la posibilidad de procurarse cosas.
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Algunos crímenes que nos han hecho malditos hemos debido cometer para que ahora hayamos perdido toda la poesía del universo.
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El infierno es superficial. El infierno es una nada que tiene la pretensión y produce la ilusión de que existe.
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Únicamente las cosas relativas a la inspiración se nutren de plazos. Las relativas al deber natural, a la voluntad, no sufren dilación.
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El humanismo y lo que del mismo se desprende no es un regreso a la antigüedad, sino un desarrollo de venenos anteriores al cristianismo.
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Estrellas y árboles frutales en flor. La completa permanencia y la extrema fragilidad proporcionan por igual el sentimiento de la eternidad.
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Una mujer que se mira al espejo y se arregla no siente vergüenza de reducirse a sí misma, a ese ser infinito que mira todas las cosas, a un pequeño espacio.
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El hombre es esclavo en la medida en que entre la acción y su efecto, entre su esfuerzo y la obra, se encuentra interpuesta la intervención de voluntades ajenas.
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El totalitarismo moderno es al totalitarismo católico del siglo XII lo que el espíritu laico y francmasón al humanismo del Renacimiento. Con cada vaivén, la humanidad se degrada.
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Entre las características del mundo moderno no hay que olvidar la imposibilidad de apreciar en concreto la relación entre el esfuerzo y el efecto del esfuerzo. Demasiados intermediarios.
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Una sociedad bien hecha sería aquélla en la cual el Estado ejercería tan solo una acción negativa, del orden del timonel: una ligera presión del movimiento oportuno para compensar un comienzo de desequilibrio.
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El espejismo constante de la Revolución consiste en creer que si a las víctimas de la fuerza, que son inocentes de las violencias que se producen, se les pone en las manos esa misma fuerza, la utilizarán justamente.
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Dado que el pensamiento colectivo no puede existir como tal pensamiento, pasa a las cosas (signos, máquinas... ). De ahí la paradoja: es la cosa la que piensa y el hombre quien queda reducido al estado de cosa.
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La gruesa bestia tiene como fin la existencia. Yo soy el que soy. Ella también lo dice. Le basta con existir, pero no puede concebir ni admitir que otra cosa exista. Siempre es totalitaria.
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La Providencia divina no es un desarreglo, una anomalía en el orden del mundo. Es el orden del mundo en sí. O, más bien, es el principio ordenador de este universo, extendido a través de toda una red subterránea de relaciones.
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Dos prisioneros, en celdas vecinas, se comunican por medio de golpes contra el muro. El muro es lo que los separa, pero también lo que les permite comunicarse. Así nosotros con Dios. Toda separación es un nexo.
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Nada poseemos en el mundo –porque el azar puede quitárnoslo todo–, salvo el poder de decir yo. Eso es lo que hay que entregar a Dios, o sea destruir. No hay en absoluto ningún otro acto libre que nos esté permitido, salvo el de la destrucción del yo.
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Nada en el mundo puede quitarnos el poder de decir yo. Nada, salvo la desgracia extrema. Nada hay peor que la extrema desgracia que desde fuera destruye el yo, puesto que luego resulta ya imposible destruírselo uno mismo. ¿Qué les ocurre a aquéllos cuyo yo ha sido destruido desde fuera por la desgracia?
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Dios y la creación son uno, Dios y la creación están infinitamente distantes; esta contradicción fundamental se refleja en la contradicción que existe entre lo que es necesario y el bien. Sentir la distancia, esta separación, es crucifixión.
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