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Frases de William Shakespeare

Frases de William Shakespeare

Novelista, poeta, actor inglés. Es considerado el escritor más importante de la lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal. Sus trabajos se han traducido a todos los idiomas conocidos con una suerte de aceptación universal, aunque muchos de ellos se han puesto a prueba en culturas muy diferentes a la occidental teniendo resultados científicos diversos.

Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba / engánchalos a tu alma con ganchos de acero.
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Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo.
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Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado.
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El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.
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No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande.
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Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras.
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El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia.
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El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las divertidas tonterías que cometen.
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En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber.
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El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.
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Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón.
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¡Oh amor poderoso¡ Que a veces hace de una bestia un hombre, y otras, de un hombre una bestia.
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No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino.
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De lo que tengo miedo es de tu miedo.
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No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así.
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Sea como fuere lo que pienses, creo que es mejor decirlo con buenas palabras.
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La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.
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Un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto.
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Conservar algo que me ayude a recordarte, sería admitir que te puedo olvidar.
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Presta el oído a todos, y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia opinión.
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Nuestras dudas son traidores que muchas veces nos hacen perder el bien que podríamos ganar si no temiéramos buscarlo.
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Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños.
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Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos.
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Dueños de sus destinos son los hombres. La culpa, querido Bruto, no está en las estrellas, sino en nuestros vicios.
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Ser honrado tal como anda el mundo, equivale a ser un hombre escogido entre diez mil.
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Me atreveré a todo lo que pueda hacer un hombre. Quien se atreva a más es insensato.
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Guarda a tu amigo bajo la llave de tu propia vida.
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Ten más de lo que muestras; habla menos de lo que sabes.
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Yo juro que vale más ser de baja condición y codearse alegremente con gentes humildes, que no encontrarse muy encumbrado, con una resplandeciente pesadumbre y llevar una dorada tristeza.
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El aprendizaje es un simple apéndice de nosotros mismos; dondequiera que estemos, está también nuestro aprendizaje.
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Excelente cosa es tener la fuerza de un gigante, pero usar de ella como un gigante es propio de un tirano.
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Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes prueban la muerte sólo una vez.
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Tan imposible es avivar la lumbre con nieve, como apagar el fuego del amor con palabras.
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Cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto el que lo siente.
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Ningún legado es tan rico como la honestidad.
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Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo; no sea que te chamusques a ti mismo.
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Quien se eleva demasiado cerca del sol con alas de oro las funde.
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Todos aman la vida, pero el hombre valiente y honrado aprecia más el honor.
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Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes.
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Anunciad con cien lenguas el mensaje agradable; pero dejad que las malas noticias se revelen por sí solas.
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El amor de los jóvenes no esta en el corazón, sino en los ojos.
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En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser.
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Sería muy poco feliz si pudiera decir hasta qué punto lo soy.
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Mi corona está en el corazón, no en mi cabeza.
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El hombre arruinado lee su condición en los ojos de los demás con tanta rapidez que él mismo siente su caída.
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No basta levantar al débil, hay que sostenerlo después.
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Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños.
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El amor es un loco tan leal, que en todo cuanto hagáis, sea lo que fuere, no halla mal alguno.
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No hay nada tan común como el deseo de ser elogiado.
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Si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar.
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Lloramos al nacer porque venimos a este inmenso escenario de dementes.
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Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada.
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El desdichado no tiene otra medicina que la esperanza.
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La codicia arraiga hondo y crece con raíces más perversas que la lujuria, flor de verano.
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Procurando lo mejor estropeamos a menudo lo que está bien.
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Si el dinero va delante, todos los caminos se abren.
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No confiéis en quien haya perdido la fe.
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No ensucies la fuente donde has apagado tu sed.
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El amor alivia como la luz del sol tras la lluvia.
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La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo.
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La vida es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido.
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Los actos contra la naturaleza engendran disturbios contra la naturaleza.
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La juventud, aun cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio enemigo.
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Fuertes razones, hacen fuertes acciones.
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Prudente padre es el que conoce a su hijo.
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La lealtad tiene un corazón tranquilo.
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Fragilidad tiene nombre de mujer
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El aspecto exterior pregona muchas veces la condición interior del hombre.
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Las improvisaciones son mejores cuando se las prepara.
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El hombre cauto jamás deplora el mal presente; emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras.
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La brevedad es el alma del ingenio.
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La memoria es el centinela del cerebro.
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Ocurra lo que ocurra, aún en el día más borrascoso las horas y el tiempo pasan.
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El pasado es un prólogo.
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Nosotros debemos nuestra vida a dios, por eso si se la pagamos hoy, no se la deberemos mañana.
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A mayor talento, en la mujer, mayor indocilidad.
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Mis palabras suben volando, mis pensamientos se quedan aquí abajo; palabras sin pensamientos nunca llegan al cielo.
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Las maldiciones no van nunca más allá de los labios que las profieren.
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Si dos cabalgan en un caballo, uno debe ir detrás.
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Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible.
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El hombre a quien no conmueve el acorde de los sonidos armoniosos, es capaz de toda clase de traiciones, estratagemas y depravaciones.
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Ligerezas como el aire son para el celoso fuertes confirmaciones, como un testimonio de las Sagradas Escrituras.
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Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí.
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Es amor bien pobre el que puede evaluarse.
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Nada envalentona tanto al pecador como el perdón.
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Cuando llega la desgracia, nunca viene sola, sino a batallones.
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La mente del hombre es de mármol; la de la mujer de cera.
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El cansancio ronca sobre los guijarros; en tanto que la pereza halla dura la almohada de pluma.
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No hay quien sea enteramente inaccesible a la adulación, porque el hombre mismo que manifieste aborrecerla, en alabándole de esto es adulado con placer suyo.
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Las valiosas presas convierten en ladrones a los hombres honrados.
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La dulce piedad es el símbolo de la verdadera grandeza.
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La compasión es la virtud de los reyes.
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El que gusta de ser adulado es digno del adulador.
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El traje denota muchas veces al hombre.
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El que muere paga todas sus deudas.
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Hasta la propia virtud se convierte en vicio cuando es mal aplicada.
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La sangre joven no obedece un viejo mandato.
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En un minuto hay muchos días.
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Asume una virtud si no la tienes
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Jamás viene la fortuna a manos llenas, ni concede una gracia que no haga expirar con un revés.
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La fortuna llega en algunos barcos que no son guiados.
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La virtud misma no puede librarse de los golpes de la calumnia.
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Nadie admira la celeridad, como no sea el negligente.
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Las medidas templadas, que equivalen a remedios prudentes, son hartamente nocivas cuando el mal es violento.
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